Homenaje a “Carucha”, la querida maestra de Barrio Dho

Actualidad 04 de diciembre de 2018 Por
La vocación de maestra la tuvo intacta, aún cuando ya no se encontraba en las aulas de su amada escuela Juan Bautista Alberdi del barrio José Dho, otro lugar que amaba y que la vio recorrer todo su camino de vida.
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Al mencionar la enseñanza y a la referente de la escuela de barrio Dho no hace falta nombrarla porque todos la conocen y la admiran. Esta nota es un pequeño homenaje a Betty Quiros de Cortes, conocida como “Carucha” o “Caru” como le decían sus seres queridos.

Lamentablemente, Carucha falleció a los 84 años en San Cristóbal lo que provocó un enorme dolor en su familia, amigos, alumnos, compañeros de trabajo y en la comunidad del barrio. A pesar de la tristeza por su partida, quienes la conocieron, especialmente sus hijos y nietos, están orgullosos de ella porque fue una mujer de bien, en ejemplo de vida y una maestra muy especial.

Carucha llevaba la docencia en la sangre y estuvo ligada toda su vida a su querida escuela Nº 411, durante 33 años, como maestra y directora. Durante su carrera cosechó mucho amor y dejó una huella en las personas que tuvieron el placer de compartir momentos con ella.

Para recordarla, Margarita “Pocha” Álvarez y Rosa Ferrer brindaron sus testimonios sobre Caru y lo que vivieron junto a ella en la escuela, bellas historias y hermosas anécdotas. 

“Caru fue una gran persona, conocida de años, amiga, vecina, directora de mis hijos y compañera de trabajo en la escuela Juan B. Alberdi, compartimos y disfrutamos de lindos momentos, esos que quedan grabados por siempre. No alcanzan las palabras para describirla, desde el primer momento que la vi me di cuenta que era una persona llena de talento y cualidades, siempre tan caritativa, con un enorme corazón. Sin duda, un ejemplo de mujer y muy querida por todos”, expresó Margarita al recordarla.

Según sus allegados, era una gran mujer que siempre estaba atenta a todo lo que sucedía a su alrededor, era muy solidaria y buscaba el bienestar de sus alumnos y compañeros. Mientras estuvo al frente de la escuela cuidó a los niños y al personal escolar, les enseñó los valores de la vida y los motivó a trabajar en equipo.

“Toda una vida compartida junto a ella, donde dejó grandes enseñanzas, porque era una excelente educadora. Además, una gran luchadora, en todo y para todo, entregando su aprendizaje, compartiendo su sabiduría e impulsando a ser cada día mejor. Caru era una mujer con metas, objetivos, propósitos, dispuesta a mirar hacia adelante, a pesar de que en lo personal la vida la golpeó, nunca se dio por vencida”, continuó “Pocha”, quien se desempeñaba como portera en la escuela y recorriendo un largo camino juntas.

La tan querida Carucha fue, es y seguirá siendo la mamá de Gladys, Oscar y Fernando Cortes, que le regalaron nietos y a su vez bisnietos que la adoraban. Su familia era su debilidad.

“Fue una bella y encantadora mujer que cumplió el rol de madre, educando a sus hijos que hoy son personas maravillosas como ella. Caru es nuestro ángel que desde lo más alto nos cuida y nos protege, el mejor regalo que podemos darle es seguir sus pasos, recordarla con mucho amor y con esa alegría dibujada en su rostro. Siempre estará presente en mi corazón y en el de todos los que tuvimos la dicha de conocerla”.

Además de su compañera y amiga “Pocha”, la honrada maestra fue recordada por su colega Rosa Ferrer, quien fue compañera de trabajo, alumna de la escuela y maestra de uno de sus hijos.

“Yo ingresé a la escuela en primer grado y Caru era nuestra vicedirectora, con el transcurrir del tiempo yo comencé a trabajar en la escuela y ella estaba de directora en el año 1981 con un grupo maravilloso de docentes. Este año, el 13 de octubre, nos reunimos la promoción por los 50 años y pudimos compartir con ella, fue hermoso, tuvimos el privilegio de tenerla y ella recordaba los detalles de cada uno y las travesuras en la escuela. También, fueron los 25 años de su nieto, ingresó a la escuela junto a él y fue muy fuerte para nosotros”, contó Rosita.

Es imposible no mencionarla y no emocionarse por su historia y por la marca que dejó. Siempre tan simpática, alegre, amable y bondadosa. De esas maestras de la “vieja escuela” que ya no quedan, que eran respetadas y que le brindaban una mano a quienes la necesitaban.

“Carucha es una institución, sólo puedo decir maravillas de ella. Me emociona muchísimo mencionarla, porque además de directora fue amiga, compañera y compartimos momentos muy especiales trabajando para la escuela, compartiendo con los padres, en la cooperadora, con el grupo de ex alumnos. Su vida era la escuela y su familia pasó por la escuela”.

Generar tanto amor en las personas no lo logra cualquiera, sin embargo Carucha cumplió su misión y ese es su gran premio. Es honrada y admirada por la escuela y por el barrio, en el cual colaboró y trabajó mucho. Cuando se jubiló, no se olvidó de los suyos, seguía yendo a la escuela a colaborar y si alguien necesitaba algo, impulsaba el trabajo en equipo para poder solucionar los problemas que surgían.

“Caru convocaba muchísimo a la gente a la escuela, también fue catequista en la iglesia y tenía una participación muy activa en su trabajo y en el barrio que es para valorar. Somos gente del barrio, nacidas en el barrio y eso significa mucho. Recuerdo que ella tenía una campanita, la tocaba y todo el mundo estaba adentro, nadie hablaba, tenía presencia, era respetada y tenía amor por la educación. Una mujer con mayúscula”, dijo Rosita con mucho cariño sobre Betty “Carucha” Quiros de Cortes.