Osvaldo Bayer por los caminos de La Forestal

Cultura 03 de enero de 2019 Por
“Salimos a buscar el año `21 en sus recuerdos y lo encontramos en su realidad”. por Luciano Sánchez
Ver galería Villa Ana 2001
1 / 2 - En Villa Ana

En su cruzada contra el capitalismo y sus diferentes formas de explotación, La Forestal, ocupó un lugar importante en la vida de Osvaldo Bayer. La empresa inglesa que explotó las vastas reservas de Quebracho Colorado del norte santafesino, guardaba semejanza con los manejos espurios de las tierras patagónicas y el beneplácito de quienes gobernaban. El propio Bayer comentó en varias oportunidades que el libro de Gastón Gori –La Tragedia del Quebracho- allanó el camino para escribir La Patagonia Rebelde. Así, pasados insurrectos y escritores valientes se volvieron inseparables.

            El historiador o “cronista con opinión”, como gustaba llamarse, manifestó en 1999 al prologar el libro de Gori su deseo de conocer los pueblos forestales. Probablemente lo sentía como un deber. Una especie de compromiso con aquellos obreros perseguidos y masacrados por La Forestal, con la misma impunidad que los estancieros patagónicos mandaron a fusilar a cientos de trabajadores. No podía dejar este mundo sin antes sentir la humedad de los montes quebrachales y caminar las mismas calles de Teófilo Lafuente, Juan Giovetti y cientos de obreros que se la jugaron en las soledades del monte chaqueño.

            En 2001, unos meses antes del estallido social de diciembre, Bayer y Gori iniciaron una histórica recorrida por la zona forestal en memoria de los obreros que pusieron en jaque a la compañía inglesa. Lo paradójico de la historia, 80 años después, otro gobierno radical ordenaría –como en épocas de Hipólito Yrigoyen- la represión a desocupados y trabajadores estafados.

            La organización del recorrido estuvo a cargo de los profesores César Ramírez y David Quarín. El itinerario comprendió las localidades de Vera y Pintado, Calchaquí, La Gallareta, Tartagal, Villa Guillermina y Villa Ana, empezando el dos de julio y terminando el seis con una charla, a sala llena, en el cine Recite de Reconquista.

            Párrafo aparte merece su encuentro con Rafael Yaccuzzi en Villa Ana. A fines de los sesenta, su amigo Rodolfo Walsh, había visitado la zona para reflexionar con el cura del pueblo sobre la situación crítica del país. Treinta años después, era Bayer quien estaba ahí, reflexionando sobre lo mismo. Sólo que en este caso, ambos estaban más viejos y muchos ya no estaban.

            Por la noche cenaron en casa donde mi padre auspicio de anfitrión. En mi adolescencia apenas comprendía la dimensión de ese encuentro. Los recuerdo a todos sentados alrededor de una mesa rectangular. Opinaban, se enojaban, reían y tomaban vino. Yo escuchaba atentamente en silencio. Un animado Bayer relataba las mil y una de su investigación en La Patagonia. Se lo notaba entusiasmado y atónito. Encontrar en ese sitio a compañeros de militancia que seguían “jorobando” al sistema, no era poca cosa y él lo sabía más que nadie.

            Osvaldo escribió, desde la casa de César Ramírez, un artículo para la contratapa de Página/12, bajo el título “En los caminos vacíos de La Forestal”. Allí el historiador anarquista, relata sin tapujos, las impresiones y reflexiones del viaje por la tierra del tanino.

            Empieza su columna periodística, afirmando que habían salido a buscar el año `21 en sus recuerdos y lo encontraron en su realidad. Los pueblos seguían ahí clavados en el tiempo, con la mirada puesta en las ruinas de lo que supieron ser las poderosas fábricas de La Forestal, como esperando, que de un momento a otro, vuelvan a funcionar. “¡Hay que despertar!” pareciera gritar Bayer en su artículo golpeando la mesa de un puñetazo, y un deseo en forma de súplica se desmarca del texto como queriendo vencer al paso del tiempo; “Ojalá que en todo colegio secundario los docentes y alumnos se pregunten el porqué. El porqué de tanta crueldad contra los obreros, de tanta obsecuencia de los políticos de turno para con el poder económico en tiempos de democracia, el porqué de tanto egoísmo criminal de las gigantescas fábricas de tanino”. Hoy, a casi 100 años de los hechos, las preguntas continúan intactas.

            En la nota reivindica la lucha obrera y denuncia la criminalidad de una empresa, que se resguardó en la cobardía de los gobiernos de turno: “El capital inglés tuvo siempre un sueño de hadas; nadie lo molestó, sólo se preocupó de enviar las divisas con gusto a sangre y quebracho directamente a Londres”. Y los cientos de trabajadores que quisieron arruinarle el sueño de hadas, fueron azotados por el brazo vigilante del capital. Entonces el bosque enmudeció. Ya no pudo resistir la depredación de sus árboles ni el avance sobre sus tierras. Cada tanto, de sus profundidades, rebrotan historias de una época que se resiste a ser olvidada. Siempre marginal y cautiva. Alejada de los ampulosos centros de poder donde se arbitra el pasado. Es justo ahí donde aparecen personas como Bayer, que patean el tablero y traspasan las fronteras de los archivos.

            Cierra su escrito, lamentando que en muchas calles santafesinas, aparezca el nombre de Enrique Mosca, quien siendo gobernador proporcionó a La Forestal una guardia exclusiva para reprimir la huelga. Sin embargo, no existe ninguna calle con el nombre de Teófilo Lafuente, “digno luchador de esas tierras rojizas”.

En el 2005 volvió a visitar Reconquista para homenajear a su amigo Gastón Gori fallecido en el 2004. En el año 2006 prologó nuevamente la reedición del libro “La Tragedia del Quebracho”. Más cercano en el tiempo, en el año 2017 prologó el libro “Trienio en Rojo y Negro” de Roberto Perdía y Horacio Ricardo Silva, que retracta las tres grandes huelgas anarquistas de los años `19 y `21. Allí también participó del documental “La Forestal”, material audiovisual pensado por los autores del libro y dirigido por Pablo Torello. Una anécdota de este pasaje, es que un vecino, sorprendió a Bayer en la vereda de su casa con una máquina de escribir. Al preguntarle el motivo, un despreocupado Bayer, respondió que había cortado la luz y tenía que terminar el prólogo.

La Forestal siempre estuvo cerca en los pensamientos de Bayer. La similitud y contemporaneidad con los hechos de la Patagonia lo acercaba inevitablemente. Su sensibilidad por las injusticias, aún más. Se decía que cuando recorrió el norte santafesino, en el 2001, un cáncer presagiaba su muerte. Venció a la enfermedad y siguió batallando hasta el último aliento. Ateo y anarquista le tocó morir en víspera de navidad y en pleno gobierno neoliberal. Sin dudas, la vida nunca le regaló nada. Ni siquiera la oportunidad de marcharse de un mundo, más a tono a lo que fue su vida.



Luciano Sánchez. Profesor de Historia (I.S.P.I Nro. 4026). Estudiante avanzado de la Licenciatura en Ciencias Sociales y Humanidades (Universidad Nacional de Quilmes). Director de la Revista Añamembui, Reconquista, Santa Fe.

[email protected]

Boletín de noticias