¿Esperanzas fuertes de qué cosa, señor presidente?

Política 05 de marzo de 2019 Por
Por Juan Pascual. Periódico Pausa. El discurso de apertura de sesiones tuvo su eje principal en la corrupción y la seguridad. Stanley y Bullrich, las dos más ponchadas por la TV. Cambiemos sólo puede agitar miedos. “Nuestra esperanza es fuerte”, dijo el presidente… ¿pero esperanza de qué?
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En el año electoral Cambiemos aumentará la AUH un 46%. Esa es la única medida a futuro concreta para los más necesitados. Nada más que eso. Macri termina su ciclo de cuatro años sin poder ofrecer ninguna esperanza al electorado, solamente una serie interminable de fantasmas, sin entrar en las fantasías de crecimiento o en las nimiedades como los vuelos de cabotaje o la cantidad de reportajes que dieron los funcionarios. Te echaron del laburo, pero ahora tenés 4G. Tu salario perdió más del 17% de su poder adquisitivo en 2018, pero se realizaron 130 reuniones con jefes de Estado.

Por momentos pareció el discurso de alguien que ya tiene los problemas principales de su vida solucionados, tal como sucedió en 2018, el año del asfalto. La cantidad de tiempo dedicada al turismo fue insultante. La promesa de un programa de inteligencia artificial recuerda al avión estratosférico que Carlos Menem auguró en el ocaso de su mandato.

Miedo y esperanza son las claves de la hegemonía política en la democracia. Crear un miedo y ofrecer una esperanza son los mecanismos elementales para que el pueblo delegue su potencia transformadora en una clase política, confiando su poder en esa clase. Macri sólo pudo ofrecer más represión y más ajuste. No tiene nada más para ofrecer. Nada.

Impresionó su insistencia en un planteo de 2018: que existe una generación del cambio que viene a refundar al país para siempre. Un mesianismo completamente desatinado, vacío. En primer lugar, nunca un virrey del FMI puede ser un mesías. En segundo lugar, Macri ya no es lo nuevo, es otra crisis más como la del 2001 o la de 1989. En tercer lugar, no es Winston Churchill y Argentina no está en la Segunda Guerra Mundial.

Una cosa es reclamar sangre, sudor y lágrimas mientras estás en guerra con los nazis. Otra es hacerle creer a quien perdió su laburo que esto es mejor porque ahora está viviendo en “la verdad”. “El Estado despilfarraba recursos para hacernos creer que vivimos en una realidad que no era”, dijo el presidente. Todavía faltan larguísimos meses de malaria más profunda para llegar las elecciones. “Estamos mejor parados que hace tres años, empezamos por lo básico, creamos los cimientos y las condiciones y estamos listos para avanzar”. La ponderación careció de toda cifra concreta, fue puramente dogmática. No hay modo de poder afirmar semejante bolazo con cifras en la mano. La torsión de la realidad a través de una idea, o el dogma fue: vivíamos en una quimera, la quimera de poder comer y tener trabajo. Quizá un nuevo desocupado prefiera vivir en la fantasía de tener trabajo antes que en los efectos de las políticas económicas del macrismo.

Macri volvió a referirse a las cifras de la pobreza en junio de 2016, superiores al 32%, cuando en el 1° de marzo de 2016, en la misma situación, refirió al 29% de pobreza como base del inicio de su gestión. Y aquí toman relieve las omisiones del discurso de 2019. No hubo fuga de capitales récord en 2018. No hubo tres presidentes del Banco Central. No hubo acuerdo con el FMI. No entramos en una recesión. No hubo una inflación del 50%. No hubo cierre de fábricas. No hubo una devaluación tan impresionante de la moneda como para superar en tres años la pérdida de valor que el peso tuvo entre 2003 y 2015. No perdiste tu trabajo por las medidas económicas del macrismo.

El adiós al mercado interno
Macri no vive en Argentina. Macri vive en Buenos Aires, que es un puerto. Y hoy lo demostró otra vez.

Las exportaciones son parte sustantiva de una economía nacional, sobre todo cuando hay falta de dólares. Hasta ahora, el gobierno devaluó a lo bestia y se endeudó en niveles récord para sostener la falta de dólares genuinos. Pero, más allá de ese punto, el presidente no hizo ni una mención al mercado interno.

Parece ser que las únicas empresas que son buenas son aquellas que exportan. Parece ser que el único sentido de generar infraestructura es facilitar el envío de bienes al exterior. La enumeración de los bienes exportados fue penosa, un salto al siglo XIX. Otra vez arándanos, limones, ajo, yerba, producción primaria. Apenas hubo una mención al software y las automotrices. Lo cierto es que en 2017 y 2018 hubo récord histórico de déficit de comercio exterior. Fuera de esto, al final, Macri cierra su gestión sin un Yacyretá o una autopista Rosario-Córdoba. ¿Dónde están las autopistas nuevas? ¿Cuáles son los puertos nuevos? ¿Y los puentes nuevos? Cabe decir: asfaltó como nadie. Redujo la presidencia al status del líder de una vecinal.

Pero lo peor es la impugnación al valor del mercado interno. Para Macri no existe como problema la capacidad popular de consumo. No importa pagar más tarifas, porque “Nos hicieron creer que la energía no valía nada”. Mejor que te corten la luz y vivir en “la verdad”. No importa dejar de comer carne, tomar leche, fumar, tomar vino, no poder cambiar el auto, no poder ir al cine si “Los argentinos maduramos”, como aquellos que todos los días se “se levantan y producen productos para vender en el mundo”.

La corrupción y la seguridad
Parece ser que trabajar para el mercado interno y poder consumir era una joda auspiciada por un banda de corruptos. El antiperonismo y su viejo cuento del parquet arrancado para hacer el fuego del asado. “Hoy tenemos una mejor calidad democrática, instituciones solidas y transparentes, una mejor infraestructura y mejor relación con el mundo que en 2015”, dice el presidente que todavía no terminó de arreglar la deuda del Correo, de un partido cuestionado por los aportes de campaña en 2015 y 2017, cuya oposición es perseguida por un fiscal que va a ir a indagatoria por extorsionar empresarios. Y sólo se mencionan las causas que ni siquiera Clarín pudo evitar publicar. Otra vez, vale decirlo: en 2016 y 2017 Macri tenía cierto brillo de juguete nuevo. Que no crea que en 2019 seguirá siendo igual.

La corrupción será el eje de la campaña de Cambiemos, no caben ya mas dudas. No hay otra cosa que mostrar, no hay nada para ofrecer. Uno de los mayores aplausos propio lo arrancó con la mención del decreto de extinción de dominio, cuando apuró a la oposición. “Ahora hay un Estado más sano que lucha contra los comportamiento mafiosos”, lanzó el presidente y Elisa Carrió se puso de pie para aplaudirlo. Mucho le debe Macri a Carrió en este punto: fue ella quién le dio el peculiar baño reparador que permitió que el play boy contrabandista de Sevel y contratista del Estado se convirtiera en el adalid de la transparencia. Luego continuó “Queremos recuperar los bienes de la mafia, el narcotráfico y la corrupción, y que cada quien que se oponga diga donde está parado y a quien quiere proteger. Se acabó el tiempo en el que los delincuentes se salen con la suya mientras la enorme mayoría trabajamos para sacar este país adelante”. A esa serie de calificaciones agregó: “Se cambia en serio cuando se termina el clientelismo y el uso político de los pobres, la denigrante costumbre de pedirles que vayan a marchar o a votar por un favor”.

Que se prepare la oposición para desfilar en masa por los tribunales. Siempre estuvo en claro que la Justicia es un poder político, con Cambiemos es prácticamente imposible diferenciarla del Ejecutivo.

El segundo capítulo fuerte fue el de la seguridad. Una vez más, Macri se apoyó en la familia policial, el único empleo público que ponderó en su último discurso. También tuvo su tiempo la baja de la edad de imputabilidad y el récord de embarques narco que se incautaron. Un mensaje directo a los barrios cala hondo: la saturación de fuerzas de seguridad en las zonas abandonadas efectivamente está bajando la cantidad de homicidios y reconfigurando el mapa del delito. Habrá que ver cuánto falta para que se generen nuevos lazos de delincuencia con las fuerzas nuevas.

Nada más para ofrecer que cotillón
Como sea, en el reverso de la corrupción, la pobreza, la inseguridad está la ministra de Desarrollo Social Carolina Stanley y la ministra de Seguridad Patricia Bullrich. Fueron las más ponchadas en la transmisión, las únicas, junto al jefe de Gabinete Marcos Peña, que tuvieron primeros planos. Muchas veces.

Las tasas seguirán volando para contener al dólar, si es que pueden hacerlo. La inflación no va a bajar. No va a haber más trabajo, al contrario, crecerá la desocupación y la pobreza. Ya no hay lugar para globos y cotilllón, Macri chocó la calesita, no tiene gracia, sólo se mostró dormido antes de hablar y destemplado hacia el final. Llegará tan cascoteado el presidente a las elecciones que probablemente lo único nuevo que le quede es despertar algo de interés respecto de quién sea su vice. Eso no es una esperanza, es apenas materia de debate entre los servilletas de Animales Sueltos.

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