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12/01/2015

Internacionales | Educación | Apertura

Una sanguillermina aportará al cambio económico en Cuba

La profesora Williner formó parte de la docencia en nuestra región La profesora Williner formó parte de la docencia en nuestra región

Alicia Williner nació en la mencionada localidad del departamento San Cristóbal. En 1983 egresó de Historia en la UNL y se doctoró en Chile en 2004. Tras el acercamiento de la isla con EE.UU., colaborará junto a la Cepal.




Alicia Williner nació en la localidad de San Guillermo, provincia de Santa Fe. Inició su profesorado y licenciatura en Historia en la UNL (Universidad Nacional del Litoral) en 1978 y egresó en 1983, cuando en el país alumbraba la democracia.

Terminados sus estudios universitarios, trabajó en una pequeña localidad de Río Negro y luego volvió a la provincia, concretamente a Tostado. Habiendo ejercido su profesión en todos los niveles del sistema educativo, se enfrentó “al desafío de la dirección de una escuela secundaria, la Nº 332 de esa ciudad, durante aproximadamente 10 años”, dice y repasa su biografía.

Probablemente, ese desafío hoy le parezca menor en comparación con los que se enfrentó luego y con el que se enfrentará en breve. Ya siendo magíster en Administración Educacional por la Pontificia Universidad Católica de Chile y doctora en Estudios Sociales Latinoamericanos por la Universidad de Artes y Ciencias Sociales ARCIS de ese país –formación a la accedió mediante becas y mucho esfuerzo–, desde 2004 trabaja en el Instituto Latinoamericano y del Caribe de Planificación Económica y Social (Ilpes), perteneciente a Cepal (Comisión Económica para América Latina y el Caribe) de Naciones Unidas.

Y, quizás, lo más importante es que será una de las tantas personas que trabajará para la actualización del programa económico de la República de Cuba. Un verdadero orgullo para los santafesinos.

—Doctora, cuéntenos acerca de Ilpes y de Cepal. ¿Con qué fines se constituyeron?

—Ilpes es un instituto creado por el economista argentino Raúl Prebish al interior de Cepal, hace más de 50 años, con el objetivo de formar un staff de personas que a la vez asesoren a los gobiernos de la región en temas de gestión pública y planificación. Por eso nuestro trabajo es de directa conexión con gobiernos nacionales, subnacionales y locales de América latina, bajo el paradigma establecido por Cepal, que en este momento se define como la propuesta de un cambio estructural con igualdad.

—¿Qué significa eso?

—Significa que frente al diagnóstico que tenemos acerca de que la nuestra es la región más desigual del mundo, y ante los desafíos actuales –donde Europa enfrenta una crisis de proporciones y EE. UU. está saliendo lentamente de su crisis económica–, la región tiene que ser cuidadosa y trabajar para mejorar o mantener los logros alcanzados. Porque, según Cepal, el coeficiente de Gini Latinoamericano pasó de 0,59 a mediados de los 90 a 0,51 en la actualidad. América latina tiene un coeficiente actual de 0,51, estando a mitad de camino de construir una sociedad más igualitaria.

Vale aclarar que esta cifra indica el grado de desigualdad en un país, con un rango que va de 0 a 1, donde 0 es considerado un país “muy igualitario”, y 1 un país de “mucha desigualdad”.

—¿América latina es más desigual que la región de África subsahariana?

—Sí, la más desigual. La otra es más pobre. Nuestra región tiene brechas muy altas: es decir, un pequeñísimo grupo de personas concentra la mayor parte de la riqueza de un país. Hay países en los cuales el quintil (la quinta parte de la población) más rico concentra 40 veces más riqueza que el quintil más pobre. Entonces, con el objetivo de combatir esa desigualdad, Cepal recomienda a los gobiernos generar cambios estructurales que permitan al país no solo crecer económicamente sino distribuir ingresos de forma tal que todos y cada uno de quienes habitan un territorio tengan garantizados los derechos a educación, salud, vivienda y alimento, o sea derecho a una vida digna. Vale señalar que cuando Cepal habla de igualdad no está diciendo que todos seamos iguales, sino que todos tengamos los mismos derechos para acceder a los bienes tangibles e intangibles que necesitamos.

Williner explicó luego que en ese contexto, y bajo ese paradigma, Ilpes trabaja en todos los rincones de América latina y el Caribe, capacitando a funcionarios públicos y privados para mejorar la gestión pública de los gobiernos y fortalecer los procesos de planificación.

Equidad y neoliberalismo

—Hay una diferencia no solo semántica entre “igualdad” y “equidad” sino también filosófica, ideológica y política. Sectores progresistas en América latina se pronuncian a favor de la equidad y poco mencionan a la igualdad. Incluso “equidad” se incorporó en constituciones recientemente reformadas. La distinción fue objeto de debate en Argentina en los noventa cuando se reescribió la carta magna. ¿Qué opinión le merece esto?

—Para Cepal la equidad es un instrumento de la igualdad, pero la equidad en la década del 90 contribuyó a la idea de focalizar políticas, para emparejar la cancha, esto es, dar más a los que menos tienen. Hoy Cepal, sin desconocer este principio, insiste en el concepto de igualdad como enfoque de derechos: rayar una cancha desde el Estado, el único que puede generar políticas en ese sentido, donde se respete el principio de igualdad, o sea que todos y todas tengan acceso a lo que permite una vida plena y digna.

¿El fin del desbloqueo?

—Tras el acercamiento histórico entre EE. UU. y Cuba tendrá, junto a muchos otros, la responsabilidad de trabajar para imprimir cambios en el programa económico de la isla, atento a la nueva coyuntura. ¿Qué implica eso y cuándo comienza la tarea?

—Cepal e Ilpes vienen cooperando técnicamente con Cuba desde hace mucho tiempo, pero en el año 2014 los contactos se intensificaron y la isla envió permanentemente funcionarios públicos para que participen en los cursos que organiza Ilpes. El plan de actualización del programa económico de la República de Cuba viene siendo pensado desde hace bastante tiempo en la isla, y el PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo), ha comenzado a liderar planes de apoyo técnico a ese país. En ese marco, PNUD e Ilpes trabajarán en principio en cursos de capacitación para funcionarios en territorio cubano, para prepararlos frente a los desafíos que se le presentan después de la declaración de intenciones de los dos gobiernos. La tarea comienza a partir de este mes, cuando algunos de nuestros funcionarios viajarán a Cuba para organizar un programa de cooperación técnica y capacitación.

—¿Es consciente que de algún modo aportará a la escritura de un nuevo capítulo en la historia de Occidente?

—Yo seré una más en un colectivo. El desafío de Ilpes es acompañar este proceso, pero no somos los únicos. Con seguridad habrá muchos actores y actrices más, convocados en este proceso, y sin lugar a dudas será una trayectoria difícil y única, como todas las trayectorias sociales, imposibles de comparar con cualquier otro proceso. Para comprender el alcance de este enorme desafío hay que recurrir a la historia y revisar que Cuba sufre hasta hoy el bloqueo más largo de la historia (desde 1962).

“Fue el presidente Kennedy –recordó Alicia Williner– quien decretó el embargo luego del triunfo de la revolución en 1959 y como respuesta a la nacionalización de bienes estadounidenses en la isla. La situación tendió a empeorar cuando Cuba se acercó al otro bloque de la guerra fría, la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas), y eso justificó el endurecimiento de las medidas. El período más grave en la historia de Cuba se da en 1991, cuando la URSS se derrumbó y la isla quedó aislada en medio del sistema capitalista vigente en el continente. En ese período, denominado «período especial» (1991-1994), el producto interno bruto de Cuba se desplomó en un 35 por ciento”.

Posteriormente, en 1989 el congreso de EE. UU. adoptó la ley Torricelli, que intensificó las sanciones. Una de las disposiciones indicaba que todo buque extranjero que atracara en puerto cubano tendría una pena de seis meses antes de volver a atracar en un puerto de Estados Unidos.

Según recapitula la doctora Williner, “la situación empeoró más aún cuando en 2004 la administración Bush creó la Comisión de Asistencia a una Cuba Libre. Entre las medidas adoptadas se enumeran las limitaciones para: viajar a la isla, el envío de dinero y trabas a la cooperación médica internacional, prohibiendo cualquier exportación de tecnología médica allí, sabiendo que la medicina cubana era y es una de las principales fuentes de sus ingresos”.

—¿Qué detonó este desenlace?

—Muchos factores. El cerco económico durante tantos años, si bien no logró el objetivo de cambiar el régimen comunista, impactó dramáticamente en la vida económica del país. La llegada de Barak Obama al poder en el 2009, marcó un quiebre. Las primeras medidas que adoptó fueron la eliminación de las limitaciones de viajes y envío de dinero al país isleño. En el año 2013, en ocasión de la reunión anual de la Asamblea General de las Naciones Unidas, 188 de 192 países condenaron por vigésima segunda vez consecutiva las sanciones económicas impuestas a Cuba (debo aclarar que buena parte del sintético recorrido histórico que estoy haciendo puede encontrarse in extenso en la edición chilena de Le Monde Diplomatique de enero-febrero del 2015, en un artículo de Salim Lamrani). Finalmente, la declaración pronunciada a fines del 2014 por ambos gobiernos cambia puntos de la historia. Pero este es un comienzo de negociaciones muy complejas que ambos Estados están dispuestos a iniciar, y eso constituye un gran paso.

—¿Cómo pudo Cuba soportar tanto?

—Es una situación muy particular. La isla mostró dignidad y resistencia frente al país más poderoso del mundo; que fue acompañada y respaldada política y militarmente por la URSS hasta 1991, pero luego quedó completamente aislada (al menos de los países que deciden el rumbo del mundo). Probablemente, acudió para resistir a recursos como los que Joseph Nye entiende como “poder blando”, esto es formar a su población políticamente, persuadiéndola, adoctrinándola, entrenándola militarmente incluso para resistir a la potencia del norte y cerrando cada vez más el país para protegerse de los efectos de ese viejo lema, practicado por los ingleses en el siglo XIX, y que tan buenos resultados dio al imperialismo: “divide y reinarás”.

—¿Quién gana y quién pierde en este proceso?

—El contexto mundial permite hoy este paso. Cuba está aislada y con un sistema económico completamente destruido. Según Serge Halimi, en una entrevista a Fidel Castro en el año 2010, este expresó que el modelo cubano ya no funcionaba ni siquiera para ellos. Así lo afirma en Le Monde Diplomatique de enero-febrero de 2015. Y un Barak Obama que sufrió una aplastante derrota de su partido a mitad de su segundo período de gobierno, y con una carrera política que se le termina, es un momento propicio para intentar cumplir lo que prometió en su campaña: terminar con el embargo económico a la isla. Nadie puede pronosticar qué ocurrirá en el proceso, la complejidad es evidente. Son más de 50 años de un único partido en el gobierno en manos además de los Castro. Más del 70 por ciento de la población ha nacido bajo el bloqueo (no vivieron el régimen de Batista, sufrieron el bloqueo y no conocen otro partido en el gobierno ni otra doctrina que la del comunismo). Una población quizás curiosa de saber abiertamente cómo es la vida en un sistema capitalista y ávida de disfrutar de algunas de sus bondades –si es que las tiene. Paralelamente, un mercado al acecho (las empresas estadounidenses, cadenas de hotelería, líneas aéreas, empresas de alimentos y bebidas observando la posibilidad de transportar a más de dos millones de turistas estadounidenses a la isla en el año), son una combinación inquietante, por decir lo menos. Y como marco, dos sistemas político-económicos otrora radicalmente enfrentados, que comienzan, o al menos declaran tener la voluntad política de diálogo.

“Porque esta ya no es –por lo menos para nuestra región– época de poder militar. El poder militar solo sirve a nuestra América para marcar presencia, pero no existe, por lo menos a corto y mediano plazo, algún conflicto militar que nos lleve a un enfrentamiento armado”, consideró la santafesina.

Y concluyó: “Hoy más bien se trata de abandonar la política del garrote y retomar la política del «buen vecino», como la define Benedetto Croce: apoyando desde la visión de la política exterior estadounidense a quienes ese país considera amigos, con recursos económicos, militares, sociales y un poder comunicacional que, lejos de debilitarse, se ha ido fortaleciendo cada vez más con el uso de internet y las nuevas tecnologías. Esto entendiendo que, como dice Joseph Nye en su libro The Future of Power, el ejercicio de los más poderosos se concreta y mide hoy en sus capacidades «para poder ayudar a ganar el corazón y las mentes de la mayoría de la población (…help to win over the hearts and minds of the majority of the population)»”.

Fuente Mariano Ruiz Clausen / Diario UNO de Santa Fe