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07/05/2014

Nacionales | Informe especial | En la feria del libro

Presentaron el libro "Putas y Guerrilleras"

Una de las autoras del libro Putas y Guerrilleras Una de las autoras del libro Putas y Guerrilleras

Este pasado domingo 4 de mayo se presentó en la Feria del Libro de Buenos Aires el libro de Miriam Lewis y Olga Wornat "Putas y Guerrilleras", que habla sobre los crímenes sexuales cometidos en los centros clandestinos de detención de la última dictadura.

En el escrito de 664 páginas, aparecen las historias de las hermanas  Luisa y Griselda Pratto y sus penurias vividas en el norte santafesino, por cuyos casos hubo condenas a represores por parte del Tribunal Oral Federal de Santa Fe en el marco de la «Causa Base Aérea Militar Reconquista», en agosto de 2013. Mientras está hoy pendiente en el mismo Tribunal el inicio del juicio por la apropiación ilegal del hijo de Luisa, José Maulín Pratto. Una de las frases que aparecen repetidas en el libro cuenta que les decían putas y guerrilleras. Les gritaban eso apenas las secuestraban y lo repetían una y otra vez durante sus estadías en el infierno, en especial mientras las torturaban.

«La bajada del título dice-Crímenes sexuales en los centros de detención, la perversión de los represores y la controversia en la militancia, historias silenciadas y el debate pendiente- Cuando fui a presentar mi anterior libro que escribí con otros sobrevientes de la ESMA-Recuerdos de ese infierno- a una organización no gubernamental de Washington cuando se tradujo al Ingles, una abogada peruana me pregunto cómo marchaban las causas por los delitos sexuales cometidos contra mujeres en los centros clandestinos de la Argentina, y yo la miro y le digo –no hay-, como no hay delitos, me pregunta y yo le contesto –no, no hay causas» comenzaba diciendo a un medio nacional Miriam Lewis, periodista y escritora del libro «Putas y Guerrilleras», Lewis es además sobreviviente de la ESMA y en este libro cuenta su propia experiencia. La autora luego sobre este tema agrega «los crímenes sexuales, violaciones, abusos cometido contra una mujer que incluye la desnudes y todo tipo de vejaciones realizados sobre los órganos sexuales femeninos es considerado un crimen de lesa humanidad, ahora después de la guerra de la ex Yugoslavia y Ruanda estos delitos se consideran no prescriptos y todavía se pueden juzgar. Y ahora una línea de toda la justicia se plantea juzgar que estos delitos no pueden ser incluidos en los delitos de tormentos. El tema es definir si entre el tormento, tortura y violación cual delito es considerado más grave, en aquella época el delito de violación tenía una pena mayor que el de la tortura sin embargo muchos jueces siguen considerándolo sub-sumidos el delito de violación en el de tortura. Estas son las historias silenciadas y que incluyen a muchas mujeres que fueron violadas y que tuvieron vergüenza o culpa como tienen cualquiera que les pasan estas cosas generalmente, en el caso de las militantes políticas, además de ser estigmatizadas por la sociedad lo eran por su propios compañeros de militancia que las consideraban unas traidoras» comentó la escritora narró las condiciones inhumanas en que se encotraban las detenidas desaparecidas, las cuales en muchos de los casos tenían a parte de su familia desaparecida o asesinadas las cuales las dejaba en total debilidad ante el abuso de sus captores.

También dijo que se le exige a las mujeres que se resistan, que tengan piel de sus atacantes en sus uñas y lo primero que piensa cualquier mujer al ser atacada sexualmente es que no la mate el agresor. Dijo también que recién en esta época muchas detenidas empiezan a denunciar sus padeceres por que tienen alrededor de 60 años y sus hijos son grandes. «Hubo mujeres que pudieron resistir un ataque, pero esto no quiere decir que en los próximos intentos su voluntad haya sido arrasada. Vivimos con el estereotipo que la mujer violada tiene que tener marcas. A la mujer comúnmente se le exige que defienda su sexo a riesgo de su vida, debemos demostrar que nos resistimos» por ultimo dijo que en el libro había más de 50 historias de mujeres valientes que reconstruyeron sus vidas y fueron querellantes y hablaron y llevaron a sus secuestradores y es ante la justicia, los cuales muchos fueron en mayoría de los casos condenados por violación.


Las mujeres sobrevivientes sufrimos doblemente el estigma


(Textual de nota de Miriam Lewis en Pag 12). "La hipótesis general era que, si estábamos vivas, éramos delatoras y, además, prostitutas. La única posibilidad de que las sobrevivientes hubiéramos conseguido salir de un campo de concentración era a través de la entrega de datos en la tortura y, aún más, por medio de una transacción que se consideraba todavía más infame y que involucraba nuestro cuerpo.

Nos habíamos acostado con los represores. Y no éramos víctimas, sino que había existido una alta cuota de voluntad propia: nos habíamos entregado de buen grado a la lascivia de nuestros captores cuando habíamos podido elegir no hacerlo. Habíamos traicionado doblemente nuestro mandato como mujeres: el de la sociedad en general y el de la organización en la que militábamos. No se nos veía como víctimas, sino como dueñas de un libre albedrío en verdad improbable.

Resulta imposible explicar por qué quienes nos juzgaban sin haber vivido las condiciones que se sufrían en un centro clandestino de detención suponían que las mujeres teníamos el poder de resistirnos a la violencia sexual, a los avances de los represores y podíamos preservar «el altar» de nuestros cuerpos impoluto.

Las mujeres teníamos un tesoro que guardar, una pureza que resguardar, un mandato que obedecer. Nos habían convencido de que así era.

Yo no escapaba a ese mandato. Por eso, lo abrumador del rechazo que me provocaba la conducta de la mujer de mi responsable. Nunca se me ocurrió que podía usar la atracción que provocaba en su captor para conseguir el precioso tesoro del contacto telefónico con su hijita, para aliviar su dolor de madre separada de su cachorra. Tampoco que no había tenido el poder de resistirse a los avances sexuales de su secuestrador, desaparecida y privada de todos sus derechos, en manos de un grupo de ilegales que disponía de su vida y de su cuerpo. Del mismo modo que no había podido preservarse de las laceraciones de la picana. Para mí, para la Petisa, para todos, esa muchacha era la encarnación de lo peor, de lo más repulsivo. Sentíamos más miedo de convertirnos en eso que de inmolarnos. Queríamos ser mártires y no prostitutas.

No me era posible terminar este libro, que ideé con mi amiga y compañera Olga, sin incluir un pasaje de mi propia historia que me atribuló durante años. No podía, no hubiera sido honesto, exponer las experiencias de otras mujeres y callar la mía. Es en realidad parte de una novela autobiográfica que empecé a escribir hace un tiempo, precisamente para clarificar dentro de mi mente lo que había atravesado. Por eso, al final de Putas y guerrilleras, relato lo vivido en La Casa de la CIA" concluia la autora en una columna escrita en el mencionado matutino de tirada nacional en el día de la presentación.


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