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11/05/2016

Provinciales | Política | Café y Chamuyo (Columna política)

Meritocracia vs Democracia

Editorial El Departamental: Carlos Lucero Editorial El Departamental: Carlos Lucero

La ñata contra el vidrio...

Debo reconocer que me sorprendió la última publicidad de Chevrolet que pasan en todos los canales de TV de la Argentina. El mensaje provocó una gran polvareda de desaprobación en distintos ámbitos de la cultura, se alzaron voces como la de Alejandro Dolina, Carlos Polimeni o Jorge Schussheim, entre otros, que salieron a replicar el spot en cuestión. También en las redes sociales se difundieron diversas parodias del corto publicitario, algunas con gran éxito, como las que produjeron la revista Barcelona o Eameo.

Para entrar en contexto recordamos lo que nos dice la voz en off que acompaña las imágenes del auto que nos ofrecen adquirir: «Imagínate vivir en una meritocracia, un mundo donde cada persona tiene lo que merece, donde la gente vive pensando cómo progresar día a día, todos los días, donde el que llegó, llegó por su cuenta sin que nadie le regale nada. Un verdadero meritócrata, es el que sabe qué tiene que hacer y lo hace sin ningún chamuyo, que sabe que cuanto más trabaja más suerte tiene, que no quiere tener poder si no que quiere tener y poder, el meritócrata sabe que pertenece a una minoría que no para de avanzar y que nunca fue reconocida hasta ahora». Todas las voces que se oponen al mensaje lo califican como extemporáneo, engañoso y fascista, ubicándolo en la década del 50, o a los comienzos de la guerra fría, cuando se acuñó la frase «America-on-rails», cuando cada norteamericano soñaba que dispondría de una casa a pagar a 40 años, educaría sus dos hijos y los podría mandar a estudiar alguna carrera universitaria, mientras que en su garaje estaba estacionado un flamante automóvil adquirido a través de un leasing de 16 dólares por mes. Una ilusión que fracasó en los EEUU y que está descartada a esta altura de la historia de la humanidad, que afronta la realidad de que la concentración económica dejó 60 años después un 50 % de pobres no solo en países periféricos como la Argentina, sino en el mismo Estados Unidos o Europa, donde la desigualdad adquirió brechas insospechadas.

Entonces, la publi nos comenta que los meritócratas trabajaron y que cuanto más se trabaja más suerte tiene. Y yo me acuerdo de mi familia, de mis abuelos o mis viejos que laburaron toda su vida y con esfuerzo y decencia sólo pudieron dejarme una casa y un estudio, pero que no formaron parte de los meritócratas. En ellos me reflejo, en todos los compatriotas que se quedaron en el camino y hoy están engrosando las villas y los barrios humildes de todo el país.

La situación me recuerda a la novela de Mark Twain «El Príncipe y el mendigo» ambientada en Inglaterra, siglo XIX. Tom, un niño pobre, y el príncipe Edward Tudor nacieron el mismo día, teniendo ambos un parecido asombroso. Un día Tom se cuela en los jardines del palacio y conoce al príncipe, decidiendo ambos intercambiarse sus roles. Se prestan entonces las ropas, pero los guardias les descubren y expulsan al verdadero príncipe de Palacio.

¿Que pasaría con ese 5 % que tiene más dinero que todo el 95% del resto de la humanidad si por una vida se convirtieran en pobres? ¿Les sería posible recuperar su status social desde el llano? En realidad esta publicidad suena como un insulto para la gran mayoría de los argentinos que hoy están temblando por conservar sus puestos de trabajo. La meritocracia no existe porque son las leyes del mercado las que limitan nuestras posibilidades y en esto lo único que tiene posibilidad de terciar es la democracia, un sistema que tiene que velar por el bienestar de todos, también y en especial de los más débiles. Es el Estado que constituye esta democracia el que está en debate. El planteo de la publicidad encierra una apelación al «sálvese quien pueda» y el resto no existe, que desaparezca y no cause problemas. Pero lo que no dicen los publicistas que idearon esta campaña es que los cupos para el viaje a la salvación tienen los asientos llenos y que por más esfuerzo personal que se haga sólo un porcentaje ínfimo podrá disfrutar del tan ansiado bienestar. La oportunidad de tener educación, un trabajo de calidad, una casa y seguridad es lo que hace que nuestros hijos puedan escalar socialmente , eso decian nuestros padres y eso lo da un estado al servicio de todos.

Sin duda el mensaje vino con directrices de la casa central de Chevrolet, es para que los que nos podamos sentir meritócratas –si cabe hacerlo– nos compremos ese auto que nos ofrecen. Lo que enoja es que esa misma multinacional que hoy plantea esto es la que pidió al Estado argentino en el 2009 un préstamo otorgado mediante la Administración Nacional de la Seguridad Social (ANSES) de 70 millones de dólares para reactivar la planta de Chevrolet de General Alvear en Rosario. Eso no es digno de una empresa meritócrata.