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04/03/2018

San Cristóbal | Actualidad | DÍA DEL FERROVIARIO

Los latidos de las máquinas en la estación aún suenan en la memoria de los sancristobalenses

Suni y Coy Herrera. Dos ferroviarios que recuerdan su paso por los Talleres. Suni y Coy Herrera. Dos ferroviarios que recuerdan su paso por los Talleres.

El 1º de marzo se celebra el «Día del viario», es esa fecha se recuerda el traspaso de los ferrocarriles ingleses al Estado Argentino.




El 1º de marzo del año 1948, una multitud llenó la Plaza de los Ingleses frente a la estación Retiro en Buenos Aires y se festejó la nacionalización de los ferrocarriles.La ciudad de San Cristóbal es ferroviaria, quien no tuvo algún familiar ferroviario, seguro conoció algún vecino que lo fue.

El ferrocarril es parte de la historia, las vías que separan la ciudad en dos lados, en un momento fueron los pulmones de la localidad, hasta la actualidad la gente extraña los ruidos, los olores y las sensaciones que provoca el paso de un tren por la estación.

Los ex ferroviarios vivieron épocas de esplendor y, a la vez, épocas duras de gran desolación, con un poco de nostalgia se cruzan en la calle y todavía recuerdan todo lo que vivieron, quizás con un mate de por medio sentados en la vereda.

Las familias ferroviarias fueron muchísimas y se sienten sumamente identificadas cuando se recuerda el pasado, con una sonrisa y una lágrima cayendo por la mejilla.

Las anécdotas y las historias son miles, siempre haciendo hincapié en la cultura de trabajo, en la educación, la responsabilidad y la disciplina.

Debido a que es una fecha muy especial, El Departamental desea recordar a todos los ferroviarios en la historia de Sunilda Vaira y Roberto Herrera. Dos personas que necesitaban trabajar, comenzaron sus tareas en el ferrocarril, se conocieron y con el correr del tiempo se enamoraron y se casaron.

A ellos el ferrocarril les dejó algo más que alegrías y tristezas: una hermosa familia.

Suni trabajó durante diecisiete años y Roberto treinta y dos años, hasta que fue notificado que debía dejar el lugar porque las puertas se cerrarían.

Como casi todas las mujeres ferroviarias, Suni realizaba tareas administrativas, pasó de ser ama de casa a ese mundo nuevo, a conocer personas de distintas edades y con sacrificio cumplir con todas las tareas.

«Fue difícil adaptarme y aprender pero la gente me trató re bien, ahí hacíamos las planillas, tomábamos asistencia a los operarios todos los días y a fin de mes se sumaban las horas de trabajo para la liquidación del sueldo. Terminé en Pinturería, yo me retiré, no esperé que me echen. Ya habían despedido gente y decidí irme como otras chicas», contó Suni.

Por su parte, Roberto ingresó muy joven a los 20 años y se jubiló en la categoría de Supervisor Principal. Muchas veces viajó a Buenos Aires para participar en diversos cursos para perfeccionarse.

«Yo empecé en la limpieza de la sección, escoba y escoba, eran todas personas grandes y aprendí muchísimo. Había mucho compañerismo, por ejemplo, si alguien en su casa estaba construyendo algo o arreglando un techo, nos poníamos de acuerdo para ir todos a ayudar», comentó Roberto que tiene muy buena memoria.

Ambos contaron sus experiencias vividas, se entablaron relaciones de amistad y hasta el día de hoy se reúnen con sus ex compañeros, hoy amigos.

«La experiencia fue muy buena, entré muy joven pero ya tenía el oficio de pintor, teníamos un taller de pintura de auto y jugaba al fútbol. Cuando me llegó la notificación de despido fue un momento terrible, fui de los últimos en irme cuando cerraban los talleres, todos los días era una angustia y los mismos compañeros debían comunicarlo a los otros. Se extrañan muchas cosas, me gustaría entrar y ver cómo están los talleres ahora», relató Roberto que, también, contó que se ayudaban entre todos, los más grandes les ensañaban las tareas a los más jóvenes y los cuidaban, cada día se debía cumplir con el trabajo programado.

Las mujeres ferroviarias eran minoría y muy unidas, trabajaban y charlaban sobre sus hijos y situaciones cotidianas, «gracias a ese trabajo terminé mi casa, crié mis hijos y me ayudó a salir adelante. Si había algún cumpleaños cada una llevaba una cosita y a la hora del mate se festejaba, son todos recuerdos lindos», reflexionó muy amable Suni.

Los recuerdos son miles, están en la memoria de las familias ferroviarias, en las anécdotas de los abuelos y en la identidad de San Cristóbal.