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11/06/2015

San Cristóbal | Cultura | 7 de junio día del periodista

«Nunca tuvo auto, pero siempre estuvo primero esperando que comiencen los actos»

Imprenta del Periódico Nueva Opinión donde actualmete se ecuentran las salas de Socorros Funerarios. En la foto, cedida por Enrique Giussani se ve a Justo Ocampo Tipógrafo Imprentrero, Sosa y el de corbata el dueño Livio Aicardi. Imprenta del Periódico Nueva Opinión donde actualmete se ecuentran las salas de Socorros Funerarios. En la foto, cedida por Enrique Giussani se ve a  Justo Ocampo Tipógrafo Imprentrero, Sosa y el de corbata el dueño Livio Aicardi.

El día del periodista es un día muy especial para todos los que por distintos medios producimos noticias e informamos a la comunidad. Es por eso que imaginariamente vivimos un día de periodista de Osvaldo Giussani, uno de los grandes comunicadores de nuestro San Cristóbal



Una profesión que carece de márgenes definidos, nunca está claro qué somos y cuál es nuestro papel en esta sociedad moderna, que con la tecnología se híper informa y que últimamente nos tira toda la responsabilidad de lo que sucede. Por eso intentaremos vivir un imaginario día del periodista junto a uno de los más grandes colegas que tuvimos en nuestra patria chica.

Lo conocíamos como don Osvaldo, un hombre sin estudios de periodista, pero que supo dejar un legado importante para todos los que nos hicimos en este oficio. Sus archivos impecables y su seriedad para hacer lo que hay que hacer para contar una noticia de nuestros pueblos chicos, lo aprendimos de él, no quedan dudas. 

«Nunca tuvo auto, pero siempre estuvo primero esperando que comiencen los actos»

 

El cielo encapotado, mucha humedad como sólo se siente en San Cristóbal en un 7 de junio con el otoño a medio gastar.

Abrió el ropero, pasó revista a los 14 trajes que lucían impecables, eligió uno gris con corbata al tono. La camisa blanca lucía impecablemente planchada colgada sobre la silla donde la había preparado Otilia. El te humeante lo esperaba en su escritorio, junto a su legendaria máquina de escribir Olivetti, un cuarto de la casa que podíamos llamar el «Aleph» de don Osvaldo. El lugar mágico que retrataba el perfil tan particular de quizás, el periodista más emblemático que tuvo San Cristóbal. Las paredes de la oficina estaban pobladas de colecciones diversas, cuadros, el escudo de Racing y una joya «La colección casi completa de El Gráfico (solo le faltan 14 números desde que empezó a editarse la revista) que ocupaba toda una biblioteca. Muchas publicaciones y cuadros y distintas colecciones de un sancristobalense que trabajó muchos años para la escuela Nacional y para el diario El Litoral.

Fanático del orden y de lo previsible, ya había mandado con Enrique al comienzo de la semana un recado a don Neldo Croissant con las actividades a las que tenían  que asistir. Como siempre, le remarcaba al fotógrafo que debía estar media hora antes de que comience el acto. Es por eso que don Osvaldo Giussani no paraba de mirar la hora, mientras se vestía impecable. Con sus clásicos zapatos Guante y sus infaltables sombreros. En esta ocasión era uno impermeable, pero los tenía de paja, de paño y otros que usaba de acuerdo al clima. Salió a la calle y se dirigió al acto.

En un bolsillo su libreta para anotar nombres y frases de los disertantes, en el otro sus pastillas.

Cruzó la pasarela y llegó al lugar donde lo agasajarían por ser el día del periodista. Al rato llegó Neldo con su cámara en mano. Las autoridades sucedieron sus discursos, la clásica picada, sólo faltaba regresar, redactar la nota, esperar que se revele la foto, juntar todo y llevárselo a don Trentino para que lo lleve al diario El Litoral en la ciudad de Santa Fe. Y luego esperar que se la publiquen, cosa que a veces no ocurría.