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13/11/2014

Villa Trinidad | Pueblo a Pueblo | Por Roberto Zelaya

"El Conventillo de la Paloma"

Apertura del 2do. Festival del Tango y la Milonga, en Villa Trinidad. Apertura del 2do. Festival del Tango y la Milonga, en  Villa Trinidad.

Cuando en 1929, Alberto Vacarezza, estrenó «El Conventillo de la Paloma», nunca imaginó que la pieza se convertiría en tal éxito, ni tampoco que sería una especie de desafío para los futuros directores teatrales... desafío que afrontó la directora teatral Silvana Romero, y que, para placer de propios y ajenos, fue presentada con total éxito en la apertura del 2do. Festival del Tango y la Milonga, en la vecina localidad de Villa Trinidad, por el Grupo «Compañía Camaratti» de esa localidad.

La directora hizo suyo el texto de una manera tal, que presentó un sainete de final a toda fiesta, dándonos una fresca postal y una mirada idealizada sobre la inmigración y su relación con «el conventillo», algo común a los que llegaban al país, todos juntos: el gallego y el tano, el turco y sus respectivas mujeres; el compadrito, la percanta y el malevo.

En un impecable «tour de force», Silvana logró que sus actores, construyeran sus personajes de forma tal, de lograr la risa del espectador, porque partiendo Vacarezza de una historia simple, es doble mérito de la directora trasmitir a los intérpretes, las claves del sainete (género bastante devaluado últimamente, pero que nunca perdió vigencia) y que esos personajes, a veces desbordados por la vida y el momento que les tocó vivir, sean abordados por el elenco con tanta sutileza y madurez teatral. 

«Paloma» y «Villa Crespo», (Estela Monti y Mauro Godino), exquisitos ambos y muy medidos en sus gestos e intervenciones, cruzaron diálogos que no tienen que ver con la parodia del resto de los personajes, quienes se movieron en un ritmo coral y muy aceitado, logrando escenas de una eficacia total, como cuando «Paloma» cae al suelo, o cuando extraen sus puñales, mientras que las actrices que tienen a sus cargo los roles de «Mariquiña», «Doce Pesos» y «Sofía», compusieron un grupo de muy buena factura escénica, atreviéndose a pagar el desdén de sus maridos, embobados con Paloma, con la misma moneda; a todo esto, se sumó la actuación de esos maridos, tres excelentes actores, Gabriel Bonsegundo, Mario Carnevale y Héctor Galiano, que se movieron por el escenario con total eficacia, con un ritmo que no decayó para nada y que hizo que el público mantuviera una sonrisa permanente (que se trasformaba en carcajada) durante toda la representación.

La señora Romero, dado es reconocer, cuenta a su favor, con un elenco formidable, y supo llevar adelante al mismo, travestirlos en ricos y coloridos personajes, sacando lo mejor de cada uno de ellos, con momentos de lucimiento individuales y grupales, graciosos todos en sus interpretaciones...y si no nombro a alguno de ellos, sólo es, me justifico, por falta de espacio... las escenas grupales fueron de una impecable factura estética y nos retrotrajeron, precisamente por su efectividad a una época de construcción de la identidad del argentino... quién de los espectadores no ha tenido un abuelo gringo, o un antepasado turco, o un gallego, y por qué no, algún malevo entre sus genes?...

La escenografía merece un párrafo aparte: la ventana de Paloma, similar al balcón de una Julieta del suburbio, acosada por esos Romeos de pacotilla, (no concibo a otro actor que no fuera José Depetris recitando tal como lo hizo, mezclando comicidad, ternura y teatralidad en dosis exactas, lo mismo que José Alonso, con fuerte presencia escénica); puertas y ventanas que se abrían y cerraban en el momento justo, favoreciendo el desplazamiento de los actores, y en un esfuerzo casi titánico, adecuarla en menos de 10 minutos... adornado ese patio con plantas y banderines arrugados: único lujo que se podían dar los pobres en ese lugar. 

Un bandoneón, una pareja de baile de la localidad de Suardi, a quienes les pido disculpas por no haberles tomado el nombre, más la efectividad del tango en la voz del inmortal Julio Sosa, aportaron puntos a la puesta en escena; lo mismo que el vestuario, marcando «Paloma», la diferencia entre su atuendo (beige y blanco en todas sus apariciones) con el aquelarre de colores de las demás mujeres; siempre sin perder la línea, y transitando esa finísima línea que separa la exactitud de lo grotesco, pero sin transgredirla... qué formidable y acertado el uso y movimiento de esa boca colorada... reitero, por razones de espacio no me puedo extender: el vestuario masculino: exacto y a medida para cada uno de los personajes; maquillaje e iluminación para lucimiento de los actores, lo mismo que la escena del baile.

Qué logró la eximia Silvana Romero en otra muestra de su inagotable talento?: que el público aplaudiera de píe, agradecido por la calidad de lo presentado, con un conjunto de actores que supieron absorber sus enseñanzas, llevando adelante un género tan difícil como rico.

Sintetizando: brillante apertura del Festival, en la seguridad, que Silvana como ese exquisito conjunto de actores, nos seguirán deslumbrando desde la escena... con el personal deseo que la señora Romero siga enfrentando desafíos... desafíos que nos enriquecen como espectadores y que sirven para seguir formando el espectro cultural y teatral de los trinidenses y su zona.

Muchas gracias.