

De hobby a negocio con futuro: “Le tengo menos miedo al búfalo que a la vaca”
Carlos Lucero
La producción bubalina sigue creciendo silenciosamente en distintas regiones del país y suma cada vez más productores, que descubren sus ventajas productivas y comerciales. Jerónimo Jaeggi, productor de Esteban Rams, en el departamento santafesino de 9 de Julio, y flamante presidente de la Asociación Civil de Productores de Búfalo de esa provincia, contó cómo comenzó casi por casualidad en la actividad, cuáles son las ventajas frente a la ganadería vacuna y por qué cree que la carne de búfalo todavía tiene un enorme potencial por delante.
“Soy productor de búfalo hace unos 13 o 14 años. La mayoría arrancamos esto como un hobby porque nos parecieron animales lindos y los empezamos a criar”, recordó en conversación con Bichos de Campo.

El contacto inicial fue a través de un familiar: “Tengo un tío que lo empezó como hobby, tiene una granja y ahí conocí la actividad bubalina. Después llevé algunos animales a un campo que tenía en Esteban Rams y empecé dejando vientres, comprando algo más y creciendo”.
Con el tiempo, lo que empezó como curiosidad terminó convirtiéndose en una apuesta productiva fuerte. Jaeggi explicó que trabaja en un campo natural con áreas de esparto y monte nativo, donde la diferencia con la ganadería vacuna se hizo evidente. “Es un animal mucho más rústico. En el mismo lapso de tiempo genera el doble de kilos, o tal vez un poco más, que la ganadería vacuna”, explicó.

Más vale paso que dure: Con un rodeo que aumentó 115% en la última década, la producción de búfalos trabaja para conquistar a la demanda interna y, por qué no, también a la externa
Mejor paso que dure que trote que canse. Ese dicho define bien a la producción de búfalos en Argentina, que desde hace varios años viene en una curva ascendente que, aunque lenta, no se detiene. Las estadísticas lo reflejan bien: en los últimos diez años, su rodeo aumentó un 115%, pasando de las 94 mil cabezas a las casi 203 mil.
Introducida en la primera década del siglo XX desde Brasil, y radicada en las provincias de Entre Ríos y Corrientes, esta especie se destinó originalmente al mejoramiento del rodeo bovino local, al que le faltaba mayor rusticidad para soportar climas subtropicales. Sin embargo, al no ser posible dadas las diferencias genéticas entre ellos, quedaron prácticamente abandonados. No fue sino hasta la década de 1970 que se retomó su uso en campos bajos, donde estos animales mostraban gran adaptación.
La disponibilidad de agua para sumergirse, el barro, o en su defecto sombra para resguardarse del sol, son las condiciones que les permiten a los búfalos resistir temperaturas elevadas. Esto, sumado a su capacidad para transformar pasturas de baja calidad en proteína, los hace animales muy eficientes, con un doble propósito: carne y leche.
No sorprende, entonces, que la provincia de Corrientes concentre las mayores existencias, con un 47% del rodeo total, seguida por Formosa (22%), Chaco (15%), Santa Fe (5%) y Misiones (2%). Si se suman las cuatro provincias que conforman el NEA (Formosa, Chaco, Corrientes y Misiones), la zona concentra el 86% del stock nacional. Pero aún con las ventajas comparativas de esta región, lo cierto es que el búfalo ya se encuentra presente en 20 de las 23 provincias argentinas.
En cuanto a datos de faena, según los registros de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca, en base a la Dirección Nacional de Control Comercial Agropecuario, entre 2015 y 2024 se dio una tendencia creciente, en consonancia con la expansión del rodeo.
“Durante el año 2024, la faena nacional fue de 18.296 cabezas, multiplicándose por 3,7 frente al registro de 2015. En tanto, en los primeros siete meses de 2025, que es hasta donde hay disponibilidad de datos, la faena fue de 14.930 cabezas, superando en un 18% al mismo período del año previo. Con un rendimiento promedio de 219 kg por búfalo faenado, la producción anual se ubica en torno a las 4.000 toneladas”, detallaron desde la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR).
Sin embargo, está más que claro que aún con estos índices positivos, se trata todavía de un mercado muy pequeño comparado con el de la ganadería vacuna. “Tanto la faena como la producción de carne de búfalo representaron en 2024 apenas el 0,1% de los indicadores del sector bovino”, aclararon desde la mencionada entidad.
Pero nada de esto le impide al sector soñar con una mayor presencia en el mercado. Un relevamiento técnico del INTA (2024) sobre “Consumo y percepción de carne de búfalo”, en base a una encuesta nacional realizada ese año, mostró que cerca del 60% de los participantes a nivel nacional indicó desconocer que la carne de búfalo se comercialice para consumo en Argentina, y entre aquellas personas que indicaron conocer sobre su disponibilidad en el mercado, solo el 17% señaló haberla visto exhibida en algún punto de compra.
Ahora bien, si bien el 94% de los encuestados declaró nunca haber probado carne de búfalo, el 80% de quienes sí la probaron indicó que les gustó o les gustó mucho, lo cual da una buena señal de aceptación potencial por el lado de los consumidores.

