De Babel al Edén en la Isla Colón

El reggae presente a cada paso, como producto de la influencia jamaiquina. Nota del colega Turco Claudio Cerep que está recorriendo el continente.
26 de abril de 2026Carlos LuceroCarlos Lucero

yyyyy

Por Claudio Turco Cherep

Al ritmo tórrido, reposado, cadencioso del Caribe, se mueve la Isla Colón, Panamá arriba. Para llegarse hasta aquí, la escala obligada es el puerto de Almirante, enfrente, sobre el continente. A cada rato, todos los días, muchas embarcaciones con medidas de seguridad limitadas, cruzan a cientos de turistas que llegan desde distintos lugares del mundo. Se puede arribar en auto a través de un ferry o en avión, aunque el transporte más solicitado es la lancha. La furia del mar está atemperada por un cúmulo de islotes que ejerce de dique para que las olas lleguen a la costa con la mansedumbre de un lago transparente. También están a buen resguardo las mejores playas, a las que generalmente se debe acceder en una travesía moderada a pie, en bici o en taxi-botes. El casco urbano, donde proliferan bares y hospedajes, es una postal de casas históricas que disimulan la vejez con colores chillones o con guirnaldas de luces a tono. Aquí, en la capital de la provincia de Bocas del Toro, no deben vivir más de 3.500 habitantes, pero en fechas de temporada alta, los huéspedes casi que triplican la población, constituida por una fusión de gringos, raza negra y antillanos de la primera hora.

Por la calle principal, donde predominan los supermercados administrados por inmigración china, circulan atónitos, escudriñando las costumbres, muchos visitantes europeos. A propósito de los orígenes, fue nada menos que Cristóbal Colón el primer hombre del otro lado del océano que llegó a este lugar en su cuarto viaje, además de bautizarlo haciéndose un auto homenaje. En adelante, el proceso migratorio hacia la isla tuvo vaivenes en los que vale la pena detenerse, porque le han dado una fisonomía, una integración y hasta una lengua(1) que la convirtieron en un lugar de excepción. Ariel Pérez Price es nieto de José Antonio Price. El abuelo Price tiene un honor. Fue el primer médico afropanameño que se graduó en el período republicano. Un montón para el destino de esclavo que se le guardaba en esa época. Ariel dice en su libro con las historias de Boca Town - así llaman al sitio los lugareños- que la historia moderna empezó por una cuestión de impuestos. O en todo caso de la voluntad de no pagar impuestos.

Ahora empieza la época de lluvias. Cuando arranca el chaparrón, podés ir a buscar el libro a la biblioteca popular del pueblo. Cuando aparece el sol otra vez, te vas a Playa Drago o a Playa Estrella, y dejándote acariciar por las olas sosegadas y el movimiento flexible de las palmeras, leés con atención.

Sobre el año 1827, Panamá pertenecía a Colombia y Colombia se escindió de Venezuela y Ecuador, dejando atrás el período de La Gran Colombia. Como consecuencia de la emancipación, se dio para sí nuevas leyes y, también, nuevos tributos. En muchos lugares eso no cayó bien. Por ejemplo, en las Islas de San Andrés y Providencia había dos muchachos, los hermanos Daniel y Tadeo Brown, que entendían que lo que el fisco pedía era excesivo y, para no pagar, estaban dispuestos a lo que fuere, inclusive a emigrar a zonas ignotas. Eso fue lo que hicieron. Tomaron sus pertenencias, entre ellas una buena cantidad de esclavos, y se llegaron hasta la Isla Colón, donde solo había unos pocos pescadores, unas pocas construcciones lacustres. A la brevedad, hicieron llegar la noticia a otros deudores morosos, que no dudaron en mudarse. Ya tenemos entonces británicos, esclavos africanos, pobladores originarios. La isla va tomando color. O varios colores.

tt

Recibí las últimas Noticias