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A 17 años de la inundación en Santa Fe

Se cumplen 17 años de la peor tragedia ocurrida en la ciudad de Santa Fe y en sus localidades vecinas. Ese día el agua del río Salado comenzó a ingresar por la obra inaugurada e inconclusa de la Circunvalación Oeste. La mayor crecida histórica registrada dejó a un tercio de la ciudad bajo las aguas marrones, densas y barrosas.

Actualidad 29 de abril de 2020 El Departamental El Departamental
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Desde 2003, militantes barriales se organizaron para dar respuesta a las crisis del país y la ciudad. En plena pandemia de coronavirus, fueron los primeros en organizarse para llevar alimentos y productos de higiene a los sectores pobres. En un nuevo aniversario de la peor catástrofe de Santa Fe, la historia se repite

"Aquel desastre que nos partió la vida", dice María Claudia Albornoz al recordar el 29 de abril de 2003. Se cumplen 17 años de la peor tragedia ocurrida en la ciudad de Santa Fe y en sus localidades vecinas. Ese día el agua del río Salado comenzó a ingresar por la obra inaugurada e inconclusa de la Circunvalación Oeste. La mayor crecida histórica registrada dejó a un tercio de la ciudad bajo las aguas marrones, densas y barrosas. Afectó a las zonas densamente pobladas de todo el cordón suroeste. Edificios de importancia estratégica como hospitales, escuelas y hasta una central eléctrica se vieron afectadas por la catástrofe. Fueron 28 mil familias inundadas y 158 muertos, según distintas agrupaciones sociales y políticas santafesinas.

El aniversario ocurre en medio de una situación de emergencia mundial, que no deja afuera a la ciudad. La pandemia del coronavirus trae decisiones gubernamentales para prevenir un desastre en los centros urbanos. Lo dispuesto profundiza de manera inevitable las crisis precedentes económicas, alimentarias y sociales. A su vez las tormentas y abundantes lluvias de los últimos días, como en cada fin de abril, se yerguen como homenaje a la lucha por la memoria, la verdad y la justicia. Y la historia se repite cuando son las organizaciones sociales, barriales y militantes las primeras en dar respuesta a los vecinos ante la urgencia. A casi dos décadas, fueron nuevamente quienes –antes que el Estado– desplegaron de manera inmediata sus organizaciones, sus trabajadores y toda la estructura desarrollada desde que los tapó el agua para, simplemente, seguir sobreviviendo colectivamente.

"Desde 2003 entendimos que la gente es la que salva a la gente. La solidaridad es la que más nos cuida. Ahora con el coronavirus los que nos organizamos rápidamente fuimos los vecinos como en aquel 29 de abril. Esta vez fue en función de la comida, como aquella vez que recorrimos ese y todos los días siguientes en canoas para llevar medicamentos, hielo para los insulinodependientes, alimentos, agua, productos de higiene. Como en ese caso, ahora se lleva lo esencial para la organización de la vida cotidiana. Muchas veces las organizaciones que no son del Estado son las que cumplen ese rol fundamental que deberían hacer los gobiernos. Son burocráticos y la ayuda llega, pero tarde, mucho más tarde. Lo vimos los que vivimos el 2003 y ahora con la cuarentena", expresa Albornoz a UNO Santa Fe.

Albornoz hoy es referente de La Poderosa, una organización militante social de barrio Chalet. Tienen varios emprendimientos y cooperativas de trabajo que funcionan en un centro cultural a metros de su casa en la que, si se estira el cuello bien para arriba, se puede ver en el tanque de agua unas líneas azules con la frase "Hasta acá, 29 de abril 2003, Lole lo hizo". Fue integrante de Carpa Negra, por la Causa Inundación, de la Marcha de las Antorchas y una de las voces más resonantes que se ve en los medios de comunicación locales, nacionales y hasta internacionales sobre esta tragedia.

"La contraposición es que antes no podíamos volver a nuestras casas y ahora no podemos salir de ellas. La vida cotidiana se rompe de distintas maneras en 2003 y en 2020, pero tiene un significado muy parecido en la idea de que nos salvamos entre todos, colectivamente. Sobre todo en los sectores más empobrecidos. La ciudad seca de 2003 se organizó en sus casas, tampoco se podía salir, no había luz. Las condiciones del después fueron impactantes en toda la ciudad. Obviamente los inundados teníamos el dolor más fuerte porque no teníamos más nuestras casas ni cosas. Ahora la gente que está en otra condición social puede estar de otra manera en cuarentena con todos los servicios, internet, con la seguridad de que pueden tener comida. De este lado, si la ayuda y la organización no es colectiva, no nos salvamos. Eso lo aprendimos desde la inundación", observó.

Y agregó: "Es como que no hay un aprendizaje de parte de los gobiernos. La gente aprendió rápido. Vimos enseguida cómo iba a ser nuestra situación y armamos nuestros barbijos, cosimos, cocinamos en ollas comunitarias. Y por ahí los gobiernos no terminan de entender lo valioso de esta red vecinal. La situación de necesitar sobrevivir hace que la organización sea mucho más rápida porque la emergencia es permanente. No podemos ver pibes sin comer. Nos organizamos desde el aprendizaje". Al mismo tiempo Albornoz destacó la rapidez de particulares y de la UNL que aportaron dinero y alimentos a la organización al ver la situación de emergencia en esta ocasión.

"Nos quedó una estructura del 2003 que se transformó y nos permitió entender la política, saber cómo se exige y cómo nos organizamos. Eso por este lado lo aprendimos rápido. Se ve por ejemplo en el problema que tenemos con la conformación de la Empresa Social, que nos salvaría en el trabajo para vecinos y vecinas y el gobierno todavía no nos otorga ese dinero para que podamos terminar de cuajar la idea de un trabajo más fuerte en lo cooperativo. La Poderosa son los inundados de Chalet que nos organizamos y le hicimos frente a todas las crisis del país, de la provincia y de la ciudad de otra manera", describió.

Por su parte, la Corriente Clasista Combativa tiene 14 comedores y 19 merenderos o copas de leches en distintos barrios de la ciudad y cada día que pasa crece la demanda de personas que buscan alimentarse. Su referente, Sebastián Saldaña, expresó: "Desde que empezó todo el tema de Covid, nos hizo acordar todo el tiempo a la inundación, y un poco no. Refleja lo limitado que es el Estado, porque justamente es así. Hay que pensar que en condiciones normales no logran resolver las necesidades básicas de gran parte de la población, menos en emergencia. Ahí aparecen todas las redes sociocomunitarias que se van formando a golpes".

"Son muchos años de organización y lucha, desde el 2001, después la inundación en Santa Fe en particular. La contención fue desde una vecinal, un centro de salud o una escuela. Y las organizaciones sociales juegan un rol fundamental para unir todo ese trabajo. Una de las cosas que le señalamos al gobierno provincial es que sería terrible que no se escuche a las organizaciones en este momento, y lo es, porque hace un mes venimos planteando que se debe llegar de una manera más rápida con el tema alimentario", indicó.

 

La Dignidad

Mónica Terraza es militante del Movimiento Popular La Dignidad y vive en Santa Rosa de Lima. Sufrió las inundaciones de 2003 y 2007. En la primera terminó viviendo en carpa durante tres días con su pareja en el techo con agua de su vecina, por que el de ellos estaba tapado por el río, totalmente incomunicados, aterrados por los ruidos de tiroteos y flechados por el reflejo del sol en la membrana. "Nos abandonaron, no teníamos con quién contar, ni cómo avisar que quedamos arriba del techo. Lo único que queríamos era salvar nuestras vidas y a nuestros seres queridos. En menos de una hora el agua llegó a mitad de las casas. Son muchos recuerdos tristes, de volver a empezar, muchos sacrificios. Cada vez que llueve, como estos días, nos da miedo todavía. El gobierno nos olvidó. Nunca recuperamos ni la mitad de las cosas que teníamos. Perdimos todo, quedamos en cero", recuerda.

Florencia Álvarez, del mismo movimiento, pero de barrio La Guardia relató a este medio que durante la pandemia por el coronavirus se llevan desde la organización tres líneas de trabajo: atención, alojamiento y asistencia para personas en situación de calle o con consumo problemático; asistencia alimentaria con la red sociocomunitaria para intervenciones barriales de 27 comedores y merenderos en la ciudad y localidades vecinas; el desarrollo de la economía popular con el Mercado Santafesino con acuerdos con la Municipalidad; y el trabajo de las cuadrillas para saneamientos barriales, fumigación y de obras en hospitales. "Estamos haciendo propuestas a los gobiernos municipales y provincial para poder dar batalla al coronavirus y para que se cumpla el aislamiento obligatorio. Estamos también trabajando contra el dengue ya que sabemos que la cantidad de contagiados es once veces mayor que el coronavirus, por eso establecimos convenios para realizar tareas de fumigación en las barriadas. Queremos que nuestros sectores sean parte de la solución ante la emergencia sanitaria", indicó.

 

"Pienso que ahora estaríamos más contenidos, ahora que participo de este movimiento. Aprendí cómo sobrevivir, cómo arreglarnos y defendernos para tener algo. Tenemos comedores para los chicos, tenemos cuadrillas, hay un polo productivo, tenemos panadería, de todo. Aprendí a luchar, si vuelve a pasar algo así, como nos pasa ahora, nos organizamos para repartir alcohol en gel, mercadería, ayudamos a la gente. A los lugares donde nadie se mete, vamos nosotros", relató Terraza desde su rol actual como militante.

Al llover este lunes y martes, Terraza describió a UNO Santa Fe que los zanjones están tapados de barro en Santa Rosa de Lima. "Nos rompieron toda la calle Aguado por lo desagües y es un pantano. No corre el agua y nos inundamos. Es impresionante cómo nos dejaron y nos estábamos organizando para arreglar eso, pero con la pandemia se paró la obra. Estoy muy orgullosa de nuestra organización porque si alguien necesita algo estamos todos juntos para resolverlo. Si en el 2003 había algo así, creo que no hubiera pasado tanto porque habríamos trabajado hasta para arreglar las calles. Muchos nos tratan de negros que nos viene la plata de arriba, pero ponemos el lomo todo el día para la gente del barrio", contó.

 

Aprendizaje

Albornoz señaló además que desde el 2003, "también aprendimos lo que era impunidad". "Nos habían vendido en la escuela la independencia de los poderes. Reutemann había puesto una Corte Suprema a su medida para que lo salven de todos los desastres que iba a haciendo mientras gobernaba. Aprendimos y entendimos de la manera más brutal en que se maneja la obra pública, cómo se robaba. Gualtieri fue el que hizo la obra de defensa por el río Salado que fue nefasta hecha nada más para llenarle los bolsillos de algunos funcionarios. Nuestra defensa histórica era el terraplén Irigoyen y ellos metieron una Circunvalación oeste y la dejaron abierta al lado del Jockey Club. Eso lo aprendimos caminando porque no había otra forma. Hay que imaginar el 2003, tratando de salir de una debacle económica provocada por un gobierno nacional, estábamos en nuestras casas tratando de salir adelante, cuando llega la inundación nos empezamos a juntar con gente de diferentes barrios para hablar sobre cómo estaba cada barrio", describió.

Y agregó: "A partir de ahí fuimos a todas las licitaciones provinciales y municipales para verlas y saber qué estaban haciendo. Muchos no saben que pueden hacer este control. Lo seguimos replicando y se lo seguimos contando a más gente en función de que se pueda controlar. Si dejamos gobernar sin control popular ahí cometemos el gran error en donde se nos juega la vida".

"Hacernos visibles y mostrar nuestras exigencias fue un aprendizaje de las emergencias. Pueden ser emergencias que tengan que ver con lo climatológico o en lo económico. En el 2003 no sabíamos peticionar. Sabíamos cortar una ruta y hacernos visibles, eso lo hicimos y así fue como gran parte de nuestro barrio se organizó, conseguimos obras de defensa más efectivas. Lo aprendimos de otras luchas, como la de piqueteros que en realidad la mayoría de las que cortan son mujeres. Creo que hay barrios que no aprendieron todavía de la lucha porque entienden de la vieja política, la punteril, que nació en el menemato. En algunos lugares se instaló en otros logramos no quedar pegados a la política partidaria. En Chalet tenemos la independencia de hacer otra política, la social, que no tiene que ver con pedir cargos, tratamos de trascender los gobiernos", concluyó.

 

Fuente UNO Santa Fe

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