San Guillermo: La historia del Rambler Ambassador, el primer auto en cruzar el Túnel

Sociedad 17 de octubre de 2019 Por
«No tiene precio» advierte Marcelo, actual dueño del modelo conocido como «presidencial». A casi 50 años de la inauguración de una obra admirable, el coche que cortó la cinta y que aseguran solía utilizar hasta Sylvestre Begnis.
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«Nombre del usuario: Gobernación de la Provincia De Santa Fe», se puede leer en uno de los documentos que aún guarda Marcelo. No pasó por muchas manos el precioso coche, de hecho Marcelo es apenas el tercer propietario de un auto que tiene 50 años.
Rambler Ambassador 380 modelo 1969. «¿Cuál es el precio?». «En este momento no tiene», respondió el actual propietario, y sentencia con una carcajada: «Creo que no lo voy a vender jamás».
Se trata del auto que hace casi medio siglo fue el encargado de cortar la cinta de una de las obras de ingeniería más admiradas y única que se haya construido en el país: el Túnel Subfluvial «Raúl Uranga – Carlos Sylvestre Begnis».
Trece de diciembre de 1969. Una fila de Rambler se preparan para transitar por primera vez el viaducto. La encabeza un coche oficial, de color blanco, diferente al resto que en su mayoría son negros. No lleva patente, sino una placa de bronce, común en esa época para identificar los vehículos de los gobiernos, en este caso de Santa Fe.
Marcelo Ortolano de San Guillermo, departamento San Cristóbal, es un fanático de los autos clásicos y antiguos. Cuenta que sin querer lo encontró, fue hace dos años y medio y que no estaba entre sus planes, pero tras conocer la historia del auto no dudó en hacer una oferta.
Si bien no tiene una chapa patente que pueda certificar que se trata del mismo vehículo, algo que haría mucho más sencillas las cosas, Marcelo guarda toda la documentación del auto y saca conclusiones a partir de la fotografía que dejó inaugurado el túnel
«Cuando lo compré, no lo compré solo porque lo que me dijeron, sino porque me mostraron la carpeta, los papeles y documentación. Después seguí investigando y evidentemente se trata del mismo auto». Marcelo cuenta que fue buscando detalles: «En la foto, por ejemplo, se ve que en la luneta trasera tiene como una cortina, una persianita. Si bien ahora no la tiene, quedó todo el anclaje, están todos los hierritos, soportes».
Otra particularidad, siguió contando, «es que en la parte del baúl hay un cable que se conectaba a la antena de comunicación, como una radio de comunicación. Eso todavía está en el auto».
Actualmente, el auto está pintado de celeste. Eso se debe a que el anterior dueño decidió quitarle el blanco. «Tiene una chapita identificatoria en donde están todos los códigos, de pintura y de tapizados. Y el que tiene es de color blanco, ese es el original», relató. De hecho, queda en evidencia en algunos sectores del auto en donde la pintura celeste comienza a descascararse.
«Tiene 85 mil kilómetros de fábrica, de los cuales ya le hice cuatro mil», afirmó. Sobre el particular, hay que aclarar que en el año 1980 sufrió un cambio de motor pero fue reemplazado por otro similar. Se trata del clásico motor «Tornado», que hiciera famoso otra línea de autos como Torino. Pero atención, toda la modificación quedó registrada y así lo ponen en evidencia los documentos que mostró Marcelo.

El auto de Sylvestre Begnis
El Rambler Ambassador fue adquirido por la provincia en febrero de 1969, durante el gobierno de facto de Onganía, a nivel nacional y de Eladio Modesto Vázquez al frente de Santa Fe. Tuvo tres dueños y las tres transferencias quedaron registradas y documentadas en los papeles.
Permaneció por mucho tiempo en manos del gobierno provincial, casi por 18 años. Es que se trataba de un auto oficial. De hecho, algunas versiones hablan de que fue el propio gobernador Sylvestre Begnis quien lo supo conducir y usar como vehículo personal durante su segunda gobernación, con la vuelta de la democracia, del 73 al 76.
En 1987 llegó al departamento Castellanos. Lo compró un rafaelino, quien lo tuvo en su poder por apenas dos años. Así, en 1989 se mudó a Santa Clara de Saguier, un pueblo del departamento Castellanos, distante a 132 kilómetros de la capital santafesina.
Lo adquirió una funeraria de esa localidad y fue quien lo pintó de color celeste para que no desentone con el resto de los vehículos que ya tenía en su poder.
Marcelo Ortolano relató cómo localizó el Rambler, casi sin quererlo. «Hace dos años y medio que lo tengo. La familia (que realizaba servicios fúnebres) tenía otros de la misma época, del 70, entre ellos un Dodge Polara que un amigo lo venía buscando. Yo fui a acompañar a mi amigo para verlo».
Fue como un relato a primera vista, más que un amor a primera vista. «Cuando abrieron el galpón veo el Rambler. Mientras mirábamos el Polara le empecé a preguntar del Rambler si lo vendían y me dicen: no, porque fue el que inauguró el túnel. Entonces, más que el auto me empezó a gustar la historia, ahí empezó todo», contó Marcelo riéndose.
«Estaba muy bien cuidado» recuerda, y no lo pensó: «Le dijimos que lo queríamos comprar. Después de negociar, terminamos haciendo una oferta por los dos autos o nada. Y bueno, lo pensaron unos 15 días y luego nos avisaron que sí, que nos vendían los dos. Y así fue, les compramos los dos. Mi amigo compró el Polara y yo el Ambassador. Así terminó en San Guillermo. Lo tengo conmigo».

Un fierro y de lujo
Difícil de creer, pero al auto «nunca se le hizo chapa», destaca su dueño. Quizás fue el agua de lluvia, cuenta Marcelo, utilizada por la funeraria para lavar los autos la que permitió que el auto llegue al estado en que se encuentra hoy. «Vos lo ves al auto y tiene detalles» reconoce, pero recuerda: «Tiene 50 años y no se ve una picadura. Está muy bien».
«El modelo del Rambler Ambassador es americano. Fue comprada la licencia, entonces IKA Renault lo fabricaba en Argentina, pero el diseño es americano. En esa época se le decía el auto presidencial. Era el auto más lujoso de la época. Venían los modelo 380 y el 990, que se le decía el presidencial porque tenía detalles de cromo».
«Eran pocas las familias que tenían uno», destaca Ortolano, quien forma parte de la agrupación de «Clásicos y Antiguos de San Guillermo». Tener un Ambassador significaba tener un estatus social elevado. Sandro decidió comprar uno y realizarle algunas modificaciones. El reconocido artista le había puesto hasta un frigobar.
«Alfonsín lo ha utilizado con la vuelta de la democracia. Ese es un Ambassador 990, que se encuentra en el Museo de Luján. En la mayoría de las provincias fue como el auto oficial de una época».
«Era un auto que venía equipado con cuatro levantavidrios eléctricos, aire acondicionado de fábrica, dirección hidráulica de fábrica; tenía en esa época climatizador; se regulaba temperatura; butacas reclinables, con apoyabrazos delanteros y traseros; cinturón de seguridad (en esa época no tenían todos). Tenía un equipamiento muy moderno para lo que era la época. El solo hecho del aire acondicionado era lo más moderno», describió.
«Vea, pruebe y compare. Compare las condiciones que le proporcionan una marcha perfecto en todo tipo de caminos», decía el locutor Cacho Fontana en el «Show Rambler», espacio donde se anunciaba el modelo que seguía batiendo récord y lideraba las ventas
El gobernador Miguel Lifschitz no se quiso perder la oportunidad de dar un paseo en el Ambassador de Marcelo. «En la Expoferia de San Guillermo del 2018, nos visitó el gobernador. Nosotros teníamos un pequeño stand de autos de colección de la Asociación de Clásicos y Antiguos. Acá tenemos un aeródromo a cinco kilómetros y los fuimos a buscar con el Rambler. En el medio le contamos la historia. Quedó maravillado, no lo podía creer».

¿Se vende?
Marcelo Ortolano está casado, tiene dos hijas y trabaja en el campo. Es de los que piensan que al auto hay que utilizarlo, por eso los fines de semana lo saca a pasear.
Reconoce que la familia lo acompaña en el hobby, a pesar de la radio AM que pone inquietas a las nenas, cuenta. «Me acompañan a los encuentros, nos gusta moverlo mucho al auto, no es que lo tenemos guardado y no lo ve nadie. Porque le hace bien a la mecánica del auto»
Si bien reconoce que no «era el auto que estaba buscando», la historia le encantó y ahora afirma: «Es un placer tenerlo. Creo que no lo voy a vender jamás. Tiene un valor histórico, más que material».
«Es un orgullo tenerlo. Ahora estamos con la casa propia y estamos con muchos gastos pero la idea mía y de mi familia es llevarlo al color original (blanco) y mantener la historia que tiene el auto».
«Si vienen y me preguntan cuánto cuesta… no sé qué decir. En este momento no tiene precio», sentenció.

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