La "pile del Unidad" y miles de anécdotas 

Sociedad 05 de febrero de 2020 Por
Desde niñas que concurren al club y combinan sus tardes entre deporte y recreación. Son las nadadoras de años, las que siempre tienen su siesta ocupada. 
pile


Empieza a subir la temperatura, llega el verano y poder estar en una pileta durante las vacaciones es una actividad preferida por muchos. Desde que los sancristobalenses tienen memoria, la pileta del Club Unidad es uno de los lugares elegidos para disfrutar de la temporada de verano, no sólo para realizar deportes sino también para la recreación. 
El CUS ubicado en barrio San José frente a Ruta 2 cuenta con un predio rodeado de naturaleza, campo de deporte, instalaciones para eventos y una espectacular pileta, que cuando los rayos del sol pegan sobre el agua, el color celeste se apodera del lugar.
Niños, adolescentes, personas mayores y familias completas han visitado el club y se han sumergido en esa pileta, pasando horas y horas, entre mates y charlas. 
Si bien se perdió un poco la esencia de esos veranos, cuando en época de esplendor el club estaba colmado de personas, no entraba ni un alfiler en el agua y había que hacer cola para comprar en la cantina o ingresar a los sanitarios.
Muchos optaron por quedarse en su casa, tener su propia pileta, en el caso de los niños, están atrapados con la tecnología, los juegos, la computadora y el celular. Si se puede destacar que gran cantidad de chicos concurren a la colonia de vacaciones por la mañana pero no por la tarde, excepto algún fin de semana. Ya no es como antes que la gente necesitaba estar al aire libre y «los chicos del barrio» llegaban juntos a la misma hora, todos los días. Otro de los factores que influye que la gente no se acerca al club es la situación económica y eso es entendible también. 
A pesar de todos estos cambios por el paso del tiempo, quienes siguen siendo fieles al club, son socias desde pequeñas y se consideran «fanáticas» son las mujeres que integran desde hace más de veinte años el grupo de natación. Ellas esperan que llegue noviembre, cuando comienzan las escuelas con las clases de natación como actividad de Educación Física y arrancan con los entrenamientos hasta el último día de febrero o marzo en que culmina la temporada. 
Algunas concurren desde pequeñas, cuando se inauguró la pileta, han nadado embarazadas y sus hijos han disfrutado del club como si fuese el patio de su casa. Hoy, algunos siendo mayores siguen yendo y acompañando a sus madres. 
Por este grupo pasaron muchas personas, pero hay quienes siguen firmes, yendo a nadar todos los días y, después, en el momento de relajación conversan, toman mates y la pasan súper lindo. 
El Departamental visitó el CUS para dialogar con esas mujeres que apuestan al deporte, a la vida saludable y a la reivindicación de su amado club. 
Laura Zabala, Viviana Schiavi, Carina Calello y Silvia Campaioli accedieron amablemente a contar como es la vida en el club durante el verano y a rememorar épocas pasadas. 
«Recuerdo que tenía cuatro años cuando se empezó con la pileta, al año siguiente yo con cinco y mi hermano con siete años, pusieron alguien para enseñar a nadar y aprendimos. Ahí empezaron los grupos, desde aquel entonces que estoy viniendo a la pileta y mis hijos se criaron acá. En época de esplendor había pileta mañana y tarde, menos los lunes porque era día de limpieza. Recuerdo que había un fichero donde estaban las medallitas, la señora de Sanabria nos daba el boletito y la pulsera con la medallita que nos colgábamos para ingresar. También, había una señora que atendía en el baño, era tanta la gente que había que hacer un control y ella controlaba y educaba. En el de los hombres había un señor. Trajeron profesores para enseñar a nadar, me acuerdo del papá de Horacio Peralta fue de los primeros y de Peteco Martinuzzi», relató Laura.
Ellas cuatro fueron las encargadas de poder contar todas estas historias y sus historias, aunque muchas personas pasaron por el club y por el grupo de natación que se encuentran todos los días a las 14 horas para realizar la actividad. 
«Hace muchos años había un grupo muy grande de nadadores, íbamos a competir con Sunchales y San Justo, había mucho fanatismo y eran competencias mortales. Nuestros padres nos seguían, nos llevaban y nos acompañaban, después nos tocó acompañar a nuestros hijos. Antes las competencias eran muy peleadas, se hacían barras, me acuerdo que una vez vino un cole del club Sanjustino y se armó una pelea porque había sido brava. Teníamos muy buenos nadadores, me acuerdo de pelusa Sanabria que era extraordinario nadando mariposa, Silvia Musante, Margarita Assensa, el hermano de Laura, Susana Paccamiccio, Chave Scattolini, entre otras personas. Es una pena que no se haya mantenido en el tiempo esas competencias porque el nivel era bueno. Nosotros nos perjudicaba que no teníamos pile climatizada, porque los demás entrenaban todo el año y los nuestros en el verano empezaban», contó Viviana. 
Resultó ser una charla distendida, ellas recuerdan y se ríen de muchos momentos que vivieron allí, historias que quedan guardados en sus corazones.  
«Se formó un equipo de personas, compartimos muchas cosas, se hizo necesidad y rutina en nuestras vidas. Yo soy socia desde que vine a vivir a San Cristóbal hace veinticinco años y me encanta el lugar. Mi día no pasa si no puedo venir dos o tres horitas a estar acá en la naturaleza. Yo que no soy de acá, vengo de un lugar donde hay rio y la gente concurre al rio, vine una vez a la ciudad cuando era novia de Cesar y me llamó mucho la atención que el predio estaba lleno de adolescentes de todas las escuelas y después nunca más lo vi. En los chicos se nota que vienen mucho menos que otros años como cuando venían nuestros hijos, es impresionante la quietud en la pile. Nos llama la atención eso, también la tecnología, la televisión y el sedentarismo influyen», detalló Silvia. 
Son tantos los recuerdos y las anécdotas que relatan las mujeres que no alcanzarían las páginas del diario para poder exponer todo. Cuentan desde que eran pequeñas y aprendieron a nadar, cuando sus hijos dieron sus primeros pasos allí, el fanatismo por las competencias, los atuendos que se usaban para ingresar a la pileta, lo hermoso que está el predio, el contacto con la naturaleza y la importancia de realizar una actividad deportiva, entre muchísimas cosas más. 
«En época de temporada tratamos de estar todos los días, de lunes a lunes. Venimos con lo justo, llegamos con nuestros elementos, esa es nuestra hora, nos desvestimos, nos duchamos y nos tiramos al agua, es un grupo muy lindo. Si bien la natación es un deporte individual, nosotros lo hacemos de equipo. Hace tantos años que venimos que ya sabemos por dónde va el hilo de cada uno y nos seguimos durante el año. En la época que yo nadaba que estaba Omar Martinez y Rauli Giussani de profes veníamos de ocho a diez de la mañana, fuera del horario de temporada. A las diez abría la pile para todo público y después se organizaban las competencias. Íbamos a Suardi, Ceres, Moises Ville y acá venía toda la familia y nos quedábamos a comer a la noche. Yo soy de las cercanías del club y para mi arrancaba a la mañana temprano, volvía a almorzar a mi casa y después al club hasta las nueve de la noche durante toda mi infancia y adolescencia. Todo el embarazo nadé, hoy mi hijo tiene ocho años y si fuese por él vendría todos los días», expresó Carina. 
No sólo son anécdotas sino que hay sentimientos y fanatismo por el club. La nota es extensa porque realmente vale la pena poder contar todo lo que charlamos en la entrevista, seguir descubriendo las historias de las nadadoras y seguramente emocionarnos al leerla.
«Yo estoy segura que cruzas la ruta y acá hay dos grados menos. El grupo se fue dando, nos conocemos de toda la vida, empezamos a correr en el circuito del club y nos reencontramos de vernos todos los días. Hace más de veinte años que nadamos. Nos gustaría que la gente de San Cristóbal pudiese aprovechar lo que tenemos, se den cuenta, porque si no se pierde esto de estar con el otro. Nadamos a las dos de la tarde y después nos quedamos, me traigo tejido o un libro y terminamos charlando y tomando mates», mencionó Laura. 
«Empezamos en noviembre y agradecemos que el club ponga a disposición un profe que esté presente para cuidarnos como Dani Fontanella que está muy bien predispuesta. Entre nosotras no hay competencia, intentamos superarnos uno mismo. Siempre se suma alguien, venimos de años con Carina, Laura, Silvia, Gabi Weidmann, Sofi Reutemann y en el transcurso de estos años hubo mucha gente, por ejemplo, Irene Mastropaolo, Pupi Lagger, Pablo Neffen, Pitu Belay, Analía Lionetto, Alex Palazzesi, mi hija Maia, los hijos de Laura, muchos se fueron a estudiar y dejaron de venir. Además, hay un grupo que viene a aprender a nadar con la profe Mara Barrios y se sumaron muchas personas. Después de nadar, algunas nos quedamos en la pile y nos reunimos a cenar, pero, en época de trabajo nadamos y nos vamos. Me acuerdo que cuando venia mucha gente era una locura, no había espacio, te quedabas sin silla, había cola para tirarse del trampolín y se vivían buenos momentos», narró Viviana. 
Las chicas coinciden en que sería espectacular que la pileta pudiera climatizarse, como se intentó hace unos años y al final no se logró. Según cuentan, en épocas de competición hubiese sido ideal que esté climatizada, porque el nivel de los nadadores era excelente pero no tenían la posibilidad de entrenar durante todo el año como en otras ciudades. 
«Antes no existían las mallas de competición y no existían los gorros. Se habían hecho hacer unas mallas de una tela similar a lycra, negras, cerradas toda la espalda y con dos tiras. El gorro lo hacían las modistas en negro y amarrillo, los colores del club, incluso se usaba todo el día el gorro porque era obligatorio. Ahora seguimos usando gorro antiparras y malla cómoda. Hacer un deporte es tan saludable, tan lindo, relaja tanto y te lleva a que te controles en tu comida y te cuides. Nosotras salimos de casa, cruzamos la ruta y es otro mundo.  Antes de noviembre ya tenemos el dinero guardado para la temporada. Hoy el club está hermoso, el agua de la pile está espectacular y la temperatura está ideal. Nosotras somos fanáticas, adoramos este lugar, para mí no hay como la pileta del Unidad, por el lugar, el espacio y la naturaleza. Sería muy bueno poder darle otra vida a este lugar y que muchas más personas puedan disfrutarlo, puedan nadar en este agua tan transparente y observar la belleza del espacio verde», dijo Vivi y todas coincidieron.  

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