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¿Quién fue Erica Berta Prunello?

Fallecida días atrás, Erica dejó un legado y marcó un camino de lucha. Fue la primera transexual del país en lograr el cambio de nombre, en ese entonces dejó de ser Federico para llamarse, hasta el último de sus días, Erica.

Actualidad 25/11/2020 Por Ramiro Muñoz Por Ramiro Muñoz
erica prunello

la muerte de Erica Prunello, abogada y profesora de castellano y ciencias sociales, quien a sus 53 años, logró su cambio de identidad y dejó una frase muy recordada "Ya no soy más una muerta civil, he nacido de nuevo", nos dejó hace un par de días atrás, y nos pareció oportuno traer a la memoria su historia de lucha, donde consiguió que por primera vez en la instancia federal, una Cámara dispuso que se cambiara en el documento el nombre de una transexual.

Un poco de historia

“No soy más una muerta civil, he nacido de nuevo.” Hasta ahora Erica Berta Prunello era casi una mujer. Un fallo de la Cámara Federal de Apelaciones Federal de Resistencia acaba ahora de nombrarla mujer no sólo sexualmente sino con nombre y apellido. Erica, la abogada transexual que durante veinte años intentó que la Justicia reconociera su derecho a ser mujer, había conseguido en noviembre un fallo que admitía el cambio de nombre pero no de sexo. Esa decisión fue apelada y Erica consiguió ahora la sentencia firme de la Cámara donde se obliga a “incluir el cambio de nombre Federico Norberto por Erica Berta”. El fallo sin precedentes en el fuero federal fue dictado por Diomedes Guillermo Rojas, presidente y único miembro actual de la Cámara de Resistencia. El magistrado, que en diálogo con Página/12 definió el resultado como “antecedente importantísimo” para la legislación sobre identidad sexual, admitió que la decisión tuvo como fundamento sólo el –en ocasiones escaso– “sentido común”.

La batalla de la mujer reconocida por su actividad en derechos humanos y académica esta vez parece que al fin termina. Hace veinte años había empezado los trámites para conseguir que su identidad sexual como mujer fuera reconocida por la Justicia. En esa búsqueda se graduó como abogada para conducir por sí misma un proceso que fue cada vez más laberíntico y tortuoso. Después de su operación en Chile, en la década del ’80, comenzó el proceso civil que terminó nueve años después con el rechazo no sólo de la Corte Suprema sino hasta de los propios abogados que se negaban a patrocinar su reclamo.

Los médicos chilenos le habían diagnosticado una malformación congénita que llamaron seudohermafroditismo, términos demasiado difíciles de entender para una Justicia poco letrada en estos reclamos.

–Tuve yo misma que ponerme a estudiar abogacía, por eso cuando hoy me dicen que esto es un regalo de Navidad, yo digo que no: que es el resultado de veinte años de pelea.
En aquellos primeros años, para los médicos Erica tenía “delirios fijados en lo maternal”. Y esa conclusión se había logrado después de una pericia psicológica donde ella, dice, mostraba falta de seguridad “porque tenía esa cosa nueva ahí abajo, así que, me acuerdo, cuando me dijeron que hiciera una casa hice un rancho pero sin piso”.
Con todas las puertas cerradas, aun en la Corte Suprema, empezó derecho en la UBA. Seis años después y graduada, comenzó otra vez ese proceso que ahora por fin termina. “No quise empezar un juicio –dice ahora ella– porque quería un trámite urgente, pedí un amparo y lo planteé como remedio rápido que sirve para que se resuelvan los casos donde los particulares sienten afectados sus derechos constitucionales.”

Ese amparo fue rechazado por el juez que dos años después terminaría retomándolo –por imposición de la Cámara– y fallando a favor de Erica, pero otorgándole sólo el derecho al cambio de sexo y no de nombre. “El juez es José María Fariz y me acuerdo que yo misma le dije: ‘A usted seguramente tampoco le gustará llamarse María porque es un hombre ¿no?’.” Fariz, en noviembre, no quiso reconocerle su nombre de mujer, según la abogada, porque todavía tomaba en cuenta aquella primera pericia en la que Erica no había atinado a pintar un piso.
Erica Prunello apeló y la Cámara la oyó. Tiene ahora 53 años, hace veinte años vive junto a un viudo. Este proceso judicial la obligó hace diez años a deshacerse de los hijos de ese californiano que conoció mientras vivió en Estados Unidos. “Tenía miedo por lo que le habían hecho a Mariela Muñoz, así que decidimos mandar a los chicos a Norteamérica.”

Ahora no habrá motivos que impidan que los chicos vuelvan a casa. Tampoco para atarse el pelo cuando emprenda uno de esos trámites donde le pidan una foto. “No sabés cómo me dolía, cada vez que iba a hacerme el documento me obligaban a atarme el pelo y sacarme la pintura –dice–: ellos pretendían adaptar el documento a la persona.” Y no al revés, como ahora ocurrirá cuando Erica se meta en los próximos días al Registro Civil de San Cristóbal para hacerse un nuevo documento.

El camarista Rojas explicó su sentencia a este diario: “No podía ser posible que el cambio de sexo en la partida de nacimiento no correspondiera con su nombre”. Y dijo: “Es ridículo, sólo el razonamiento y la lógica del sentido común me hizo tomar esta decisión con una mujer que es abogada”. Para Rojas no hay contradicciones. Ahora, se supone, la lectura de su fallo, tampoco. Según el magistrado, esta resolución lograda a través de la vía federal sienta un antecedente importantísimo y valioso para las decenas de esas otras Ericas que están reclamando este mismo final en el resto del país.

EL FALLO, ANALIZADO POR LA ABOGADA ERICA
“Cambió el concepto sobre sexualidad”
Por A.D.

Erica Prunello acaba de conocer el fallo. Está contenta y eso está claro, pero todavía no está tranquila. Sabe que hay mucho trabajo por delante. Lo hay en la construcción de esa identidad sobre la que trabaja desde hace muchos años, pero más aún en una sociedad, dice, donde la inclusión de los diferentes todavía se olvida.

–¿Cómo seguirá ahora su vida?

–Ya el fallo está firme y esto quiere decir que sólo tengo que ir al Registro Civil para hacer un nuevo documento de identidad. El juez ahora tiene que ordenarle no sólo que corrija el acta de nacimiento. Tienen que hacer una nueva y esto es importante, porque con el fallo anterior donde reconocían el cambio de sexo sólo se pedía una enmienda. En el acta aparecían anotaciones marginales, pero ahora habrá una partida nueva que elimine el estigma.

–¿Ese estigma contra el que le ha costado tanto luchar?

–Soy profesora de castellano y de ciencias sociales recibida en Reconquista y además después me gradué de abogada. No es posible imaginar el papelón que significa aún hoy cuando me presento en foros internacionales o locales y cuando por micrófono me presentan y piden por Federico Norberto. Cuando pasa eso, yo siempre digo: “Ustedes me lo pidieron” y tengo que decir soy transexual y mi nombre es Erica Berta. Eso genera un escándalo y para mí es una humillación, más cuando en el medio está jugando el decoro de la profesión.

–En el último tiempo, cuando conoció el fallo que le habilitaba legalmente el cambio de sexo, usted dijo que por fin podía casarse.

–Lo del casamiento, para nosotros, la verdad que es una formalidad. No tiene sentido ya esto de ser la señora de, porque vivimos hace ya tanto tiempo que lo de los papeles realmente en lo personal no me interesa. Pero sí lo considero importante para terminar la historia. Para cerrarla, es como un acto último para abrirles el camino a las que siguen. Es necesario para que la sociedad entienda que las personas pueden vivir una vida juntos y contar con los derechos civiles que le corresponden.

–¿Qué fue lo que cambió para usted desde el fallo de Mariela Muñoz a esta parte?

–La concepción sobre la sexualidad que está poniendo en juego la Justicia. Con Mariela Muñoz hablaba de transexuales y todavía se mantenía la diferenciación con el hermafrodita. Hoy se habla de la sexualidad no sólo como opción sino como construcción. Este es el primer fallo federal y sienta un antecedente importante para el resto de los casos.

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