Un día, nuestras vidas cambiaron completamente

Actualidad 20 de marzo de 2021 Por Noelí Rojas
Después del 19 de marzo del 2020, cuando se declaró que a partir del día 20 iniciaba el Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio en todo el país, nadie se imaginó que la pandemia por el Covid-19 continuaría durante un año, que nuestra forma de vida daría un giro inesperado y que el impacto de la pandemia continúa hasta el día de hoy.
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Foto tomada 21/03/20 21 hs.

En las localidades del interior de la provincia de Santa Fe, sobre todo, las que están ubicadas en el centro norte, bastante alejadas de la capital provincial o de las grandes ciudades como Rosario y Buenos Aires, en donde la enfermedad fue un golpe duro y repentino, la vida cotidiana no se modificó demasiado, pero la tranquilidad se esfumó cuando se confirmaron los primeros casos positivos.

Sin darnos cuenta y negándonos a creer en eso, la pandemia continuó durante todo el año y el panorama fue cambiando de matices constantemente. 

Al comienzo, en general los habitantes tenían mucho temor ante esta enfermedad desconocida y de la que no se sabía absolutamente nada, por eso todos decidieron encerrarse en sus hogares con sus familias. De a poco se fueron descubriendo los síntomas, los tratamientos, las consecuencias y recibimos muchísima información sobre la enfermedad a tal punto que creemos que somos expertos en la materia por todo lo que leemos y escuchamos a diario.

Nos enseñaron a cuidarnos y aprendimos usando el tapaboca, el alcohol en gel y el distanciamiento social, entre otras recomendaciones fundamentales de los profesionales de la salud.

Con el tiempo, las personas comenzaron a relajarse un poco más y en todas las localidades la vida cotidiana se volvió prácticamente normal, con muy pocas restricciones sociales. Incluso se quitaron los controles en los accesos, entendiendo que si el virus había ingresado a la ciudad ya no tenía sentido que sigan estando y el personal abocado a esa tarea fue reasignado a realizar campañas de concientización y prevención del Covid-19 en cada uno de los barrios.

Impacto de la pandemia en San Cristóbal

Con respecto a la ciudad de San Cristóbal, el primer caso positivo de coronavirus se registró en el mes de agosto, a los confirmados por hisopados se sumaron los contactos estrechos, declarados como positivos también y, después, fueron sumándose muchos más, hasta que se conoció la triste noticia de la primera persona que falleció a causa de la cruel enfermedad el día 12 de noviembre.

Al ser una localidad pequeña de sólo 17.000 habitantes, en donde “todos nos conocemos” y las noticias “vuelan”, comenzamos a leer en los portales de noticias lo que había sucedido o a enterarnos por algún vecino del deceso de un señor mayor de edad que padecía otras complicaciones de salud. Sin dudas, esto alteró el clima calmo que se estaba viviendo.

Cuando al mediodía estábamos recibiendo esa terrible noticia y la estábamos digiriendo, ese mismo día por la tarde falleció el segundo sancristobalense de 70 años de edad que estaba internado en un hospital de Rafaela. Fue un día muy triste para la ciudad y el miedo volvió a apoderarse de todos los vecinos por unos momentos.

Quienes conocían a esas personas decidieron encerrarse nuevamente y es entendible porque cuando algo toca tan de cerca y de semejante magnitud impacta en la vida cotidiana. Por otro lado, muchas personas siguieron haciendo sus deberes de manera normal.

Los casos positivos activos continuaron en aumento, como así también la cantidad de personas recuperadas desde que comenzó la pandemia y la cantidad de personas fallecidas.

Otro golpe que recibió la ciudad fue el 19 de noviembre, cuando por la tarde se confirmó la tercera persona fallecida por esta feroz enfermedad, una mujer de 52 años que había sido derivada de urgencia a un hospital de alta complejidad para una mejor atención, pero, lamentablemente, no resistió.

Tal cual había pasado una semana antes, ese mismo día, falleció el cuarto paciente, un hombre mayor de edad y el quinto deceso ocurrió el día de 20 noviembre, una señora mayor de edad que había sido contagiada por su hijo.

Por desgracia, los casos positivos y las personas que perdieron su vida hasta el día de hoy fueron muchos más. Con un pico en aumento sobre el fin del 2020 y el comienzo del 2021, gran parte de la sociedad padeció ls enfermedad o tuvo síntomas muy similares.

Desde el hospital local informaron que tenemos que seguir cuidándonos y cuidando a quienes están a nuestro alrededor.

Hoy, ya con la llegada de la vacuna para los profesionales de salud, docentes, personal esencial y mayores de 80 años, esperanza es la palabra que se puede oir y sentir. Continuamos por un camino de lucha, de día a día pero el panorama es alentador, a pesar de la incertidumbre de no saber hasta cuándo seguiremos viviendo en pandemia.

Ante todo este panorama, por momentos tranquilos, por momentos desolador y por momentos olvidadizo, con 365 días de cuarentena, es inevitable no analizar todo lo que ocurrió durante un año y la mayoría coincide en catalogar al 2020 como un año muy duro que golpeó a millones de personas en cada rincón del planeta.

Nuestros familiares, amigos, vecinos, compañeros de trabajo, todos sufrieron las consecuencias de esta pandemia, en mayor o menor medida y lo que es peor: la pérdida de una persona muy querida a la que no pudieron despedirla como se merece.

Hay quienes agradecen porque, a pesar de las restricciones sanitarias, trabajaron durante la pandemia y muchísimos otros que se encuentran desolados porque no trabajaron y ni siquiera contaron con dinero para poder comprar alimentos. Familias enteradas debieron ser asistidas por asociaciones, comedores comunitarios y municipio local con colaboraciones y donaciones.  

Cada uno con su propia visión de lo acontecido

En nuestro caso al trabajar como periodista, las tareas no sólo que siguieron sino que crecieron durante la pandemia, las personas querían saber absolutamente todo lo que ocurría a su alrededor y existía una profunda necesidad de conocer cómo evolucionaba esta enfermedad a diario.

En esta profesión, en la cual se está en contacto permanente con las noticias de lunes a lunes y las 24 horas del día, no fue sencillo llevarla a cabo. Junto al equipo de trabajo tuvimos que adaptarnos a la nueva realidad, a la necesidad del mundo en el que estamos inmersos y al uso de las nuevas tecnologías que pisaron fuerte en estos meses de pandemia. Retos que se fueron sorteando y somos muy consciente que durante este tiempo fuimos privilegiados, agradecemos poder seguir trabajando y aportando un granito de arena para colaborar con quienes realmente se esforzaron para mejorar la sociedad y ayudar a los más vulnerables.

La esperanza de que todo vuelva a ser como antes

Es increíble todo lo que cambió, aunque algunos no quieran aceptarlo, hoy no somos los mismos, ante reflexiones nos damos cuenta que dejamos muchas cosas atrás en el camino que transitamos.

En esta ciudad pequeña, como en cada rincón del planeta, por ejemplo, la pelota dejó de rodar, las actividades deportivas, recreativas, solidarias, educativas y culturales se detuvieron y de a poco se retomaron. Otro ejemplo claro es el de la educación, cuando apenas comenzaba el nuevo ciclo lectivo, de repente llegó el coronavirus y las escuelas quedaron vacías, los alumnos y los docentes se vieron obligados a amoldarse a los nuevos métodos de enseñanza y nos dimos cuenta que la virtualidad llegó para quedarse. Por la pandemia, los planes y los sueños de muchos, especialmente de los jóvenes, se esfumaron por completo.

Afortunadamente, esta semana las escuelas volvieron a recibir a sus alumnos y todo se desarrolló con mucha alegría por el tan anhelado reencuentro.

Desde mi punto de vista y por todo lo vivido creo que la cuarentena truncó los proyectos que teníamos pero nos enseñó a comunicarnos de otra manera, a ser solidarios con quienes más lo necesitan, a cuidarnos y a cuidar a los que más queremos, entendiendo que la salud es el tesoro más preciado.

Noelí Rojas

Periodista y Redactora Periódico El Departamental

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