


Argentina 1985 y Gran Hermano
Por Ramiro Muñoz
Por Adrián Mauricio Rocca
El programa que refleja la novela de Orwel que escribió en 1957 relata una historia que transcurre en el año que le da el título a la misma (1984), en donde pensaba una sociedad controlada, donde existiera el poder absoluto de lo que se hace, se piensa, se desea.
Podemos advertir algunas equivalencias en nuestros deseos, gustos, placeres, voyeurismos para poder unir ambos mensajes.
Veamos, y pensemos, Gran Hermano es un signo de los tiempos, es un espejo en el que no son las personas examinadas las que se ven reflejadas, sino nosotros mismos a partir de lo que vemos en ellos.
Argentina 1985 boom de audiencias e interés es un síntoma de las formas de la memoria que habitan nuestro presente.
A primera vista surge que ambos discursos reúne la idea de una sociedad vigilada, diseñada uniformemente, una sociedad total, en la novela de Orwel y la de Videla sus objetivos se comunican, comparten los métodos de persuasión, tortura y hegemonización.
Sin embargo las coincidencias no terminan ahí, quizás valga la aclaración estas las pienso desde el mensaje que el arte produce en ambos programas y no desde los mismos hechos históricos que lo habitan.
En esa búsqueda intento analizar desde aquel juicio de la década de los ochenta al interés de espiar al otro en una casa que nadie se sorprende al verse y donde adictivamente nos enfrentamos a nuestra propia voracidad, de mostrar, y ver, en donde todos queremos pertenecer, por lo menos desde la negación.
En el juicio a las cúpula militar argentina, lo importante no fue el juicio en sí mismo, ni sus consecuencias políticas, jurídicas, sociales, sino la creación de un fiscal héroe, una persona común convertida en superpoderosa, sin pasado, de cero, como llegado en ese mismo instante a la historia.
El Gran Hermano también juega con el individuo desconocido, que llega solo y se convierte en sujeto completo, político, novio, homofóbico, filosofo, antisemita, todo y nada de una sola vez, pero sin vínculos sociales, desde el individuo al mundo.
Strassera-personaje-fiscal, representa eso, una persona sin historia, sin armado social, como si la opción política de un juicio penal, fuese algo así como el gol de Diego a Shilton, solo producto del genio de un ser, que hace cosas extraordinarias pero desde su persona, sin el grupo.
Nada más peligroso para nuestras sociedades que pensarnos singularmente, ídolos solitarios, sujetos individuales sin historias sin un otro que nos convierta y transforme en sujetos culturales.
Ese mensaje los une, desconfío de los éxitos, aunque tengan las mejores intenciones o se inspiren en las historias más tremendas de nuestra memoria, sea un genocidio o un programa de televisión.
En realidad me opongo a cualquier armado totalitario que exalte el valor de lo individual por sobre lo social, por encima de la historia y de la cultura, la consecuencia no es solamente espiar, mostrar, controlar, a veces cómodo al pensamiento medio dominado, sino la sobrevaloración de la pseudo meritocracia siempre agazapada en cualquier personaje, en cualquier héroe del momento.


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